El pintor riojano Miguel Ángel Ropero reivindica la función festiva del vino en 'Bacanal', seis murales expuestos en el Museo Dinastía Vivanco
Los borrachos, de Velázquez, se llama en realidad El triunfo de Baco, título que también podría servir para la Bacanal que Miguel Ángel Ropero acaba de presentar en el Museo Dinastía Vivanco, en Briones, seis murales que reivindican el lado festivo del vino.
«El artista -dice de sí mismo Ropero- hace mucho que se barrunta que el vino está necesitando recuperar la marchita de antaño. Algo que le rescate de vez en cuando (sólo de vez en cuando) del cerco de protección y de prestigio urdido en torno a él por mercaderes, eruditos, políticos, arquitectos estrella y tour operadores».
Su propuesta plástica parte de esa opinión y de la intención de destacar la tradición humana y no tan técnica y mercantil del vino: «El viejo néctar de uva fermentado, disponiéndose a rescatar su antigua función, la de despertar todos los sentidos (y digo todos) y proyectar, de paso, la sensualidad y la magia mucho más allá de las fronteras de lo políticamente correcto».
En Bacanal, Ropero dibuja personajes entregados al disfrute del vino, y, al contrario que Tiziano, que situó su Bacanal al aire libre, como Velázquez sus borrachos, los mete en la misma morada de Baco: en el corazón de la bodega. Así acentúa el contraste entre la seriedad de enólogos, operarios, expertos en la materia, algún que otro snob e incluso turistas, enfrascados cada uno en su liturgia, y la juerga alegre y sencilla que disfrutan alrededor los bacantes saliendo desde la cueva «desinhibidos, bulliciosos, seductores, imaginativos, procaces »
Mucho color, mucho movimiento y mucho vino. Se ve que el artista se ha divertido realizando esta obra; pintando y quizás, casi seguro, bebiendo.