Es mi deseo felicitarle por la columna de su colaborador titulada 'Al filo de la Hoja' ya que ha puesto el dedo en la llaga al sentirnos tristes por el derrumbamiento de ese edificio tan emblemático y lleno de recuerdos en la calle Calvo Sotelo, el Colegio San José.
Este año, el que suscribe celebró el pasado 2 de junio con otros compañeros las bodas de oro de la salida del colegio (50 años).
El autor del artículo, Quique, me ha pisado el pensamiento de escribir algo sobre su contenido, pues además de esta celebración quisimos dar un homenaje a los compañeros que no estuvieron con nosotros, como es el caso de su padre Enrique, mi compañero de pupitre, fallecido hace días.
El artículo supo plasmar con tinte periodístico los signos de determinados curas. Se nos va el colegio, es tristeza la desaparición del edificio. Ciertamente, recibimos cariño de los Hermanos Maristas, cariño que quedará por vida
José Ignacio García