Así, que para evitar la nostalgia he decidido organizar con mis amigos unos comicios amistosos, con sus partidos, pre-campaña y campaña electoral, propaganda, merchandising, mítines y, por supuesto, programas.
De estas elecciones entre colegas votaremos al representante de festejos varios, que se encargará de la asistencia a fiestas de poblaciones próximas y no tan próximas; al edil que decidirá sobre cenas anuales, al concejal de bodas, bautizos y comuniones; al de vacaciones en la playa o montaña o culturales y, finalmente, al de salidas semanales. Por si las moscas, también nombraremos un munícipe de separaciones matrimoniales bonancibles que lidiará con ambos bandos de la pareja para evitar conflictos en las 'quedadas'.
Tras mucho meditar, he decidido presentarme para ocupar la cartera de vacaciones. Incluso he perfilado algunos aspectos secundarios del programa. La línea principal de mi campaña, la tengo clara desde el principio. Las vacaciones del 2001, cuando nos quedamos tirados en el aeropuerto de Barajas a 333 kilómetros de distancia de los pasajes, serán mi particular caballo de batalla, como el 11-M para el PSOE.
Apelaré al voto 'útil', es decir, el que tenga mi nombre en la papeleta. Inquiriré en el pasado de mis opositores y sacaré a la luz a sus 'inadecuados' conocidos, como aquél que no cesó de roncar en las vacaciones del 98. Con estas propuestas no tengo ninguna posibilidad de perder, así que voy a ir pensando en el viajecito de este verano.