Los resultados de esta noche, además de sus lecturas territoriales y locales, permitirán valorar si el proyecto gubernamental del PSOE cuenta con el respaldo mayoritario o, por el contrario, es la estrategia opositora del PP la que tiene un mayor apoyo ciudadano. Siempre ha sido así. Las elecciones municipales, y en menor medida las autonómicas, sirven para tomar el pulso a las preferencias del electorado. Hace cuatro años los socialistas ganaron los comicios locales por 123.000 votos, triunfo refrendado el 14 de marzo del 2004 por Rodríguez Zapatero.
Los mítines del viernes fueron los primeros de las legislativas de marzo próximo, al decir de socialistas y populares. Las votaciones de hoy son, para los dos partidos mayoritarios, un ensayo general de esa cita electoral.
De ahí, las rotundas apelaciones de los socialistas a la participación, temen una abstención relevante porque saben que su electorado tiende a quedarse en casa en estas citas. En el 2003, más del 32% de los votantes no ejercieron su derecho, un dato que contrasta con la abstención por debajo del 25% en las generales de 2004. El PP, más seguro de la fidelidad de su electorado, busca, en cambio, pescar en el caladero de los descontentos con el PSOE, aquellos que votaron socialista hace cuatro años y hoy están desencantados.
Rajoy borró de su discurso los dos temas que habían sido la guía opositora en los primeros años de la legislatura. Ni la cuestión territorial, y los peligros para la unidad de España, ni el 11-M han ocupado un lugar digno de mención en sus intervenciones. En cambio, ETA, Batasuna, Iñaki de Juana, ANV y la anexión de Navarra a Euskadi afloraron en todas sus apariciones. Rodríguez Zapatero, en cambio, no ha tenido un eje claro de campaña. Defendió gestión, logros sociales, con atención preferente a las leyes de igualdad y dependencia, y denunció corrupción urbanística.
Como telón de fondo de esta contienda, socialistas y populares van a librar varias batallas territoriales que se van a decantar por puñados de papeletas. Es el caso de Navarra y Baleares, gobernadas por el PP, pero que ahora pueden caer del lado socialista; o Canarias, en manos de los nacionalistas insulares, pero con un resultado incierto. Menos cambios se esperan en los consistorios, y todo hace pensar que no habrá cambios en las cuatro grandes ciudades: Madrid y Valencia seguirán gobernadas por el PP y Barcelona y Sevilla continuarán con alcalde del PSOE.