Ayer, Jenny Bailey, de 45 años, nacido varón pero vuelto mujer tras una operación quirúrgica, se convirtió en el 801 alcalde de esa ciudad y en la primera persona que ocupa un cargo similar en todo el país tras cambiar de sexo.
Bailey, del Partido Liberal Demócrata, que fue intervenido quirúrgicamente a los treinta y tantos años, tendrá además a su lado a Jeniffer Liddle, de 49 años, que experimentó también un cambio de sexo.
Bailey, ingeniero de profesión que en su vida anterior estuvo casado con una mujer a la que califica de su mejor amiga, de la que tuvo dos hijos, afirmó ayer en el diario The Times estar orgulloso de haber sentado un precedente positivo en la vida pública británica.
Al mismo tiempo, sin embargo, dijo que no quiere ser definido por esa condición: «Lo único que deseamos los transexuales es desaparecer (de la vista pública) y convertirnos en personas normales», explicó. «Cuando uno ha pasado con éxito una experiencia como ésa, es feliz con tal de poder vivir una vida normal, enfrentándose a problemas normales. Es una oportunidad estupenda. No quiero que ello eclipse el hecho de ser alcalde», agregó Bailey.
Asimismo, explicó que empezó a tener cierta confusión sobre su identidad sexual con seis o siete años y que reprimió sus sentimientos reales hasta los veintitantos años.