Desde las 9 de la mañana y hasta la medianoche -hay días que más tarde-, González de Legarra no descansa un momento: «No me lo permito porque, cuando me siento me entra cargo de conciencia: 'Tengo que hacer esto, lo otro está sin preparar...', y te vuelves loco». A primera hora, ya embutido en el traje, Legarra se encierra en su despacho de la sede: «Aprovecho para leer la prensa o tomarme un café antes de que lleguen los compañeros porque a partir de entonces el barullo no cesa». Es el único rato de calma. Previo a la tempestad.
Una reunión en el partido sirve para marcar prioridades, solventar las dificultades y organizar las tareas: «Todo lo hacemos nosotros: hinchar los globos, atar los carteles, preparar la propaganda... y es costoso porque no tenemos agencia de publicidad ni asesores de imagen como otros». Media docena de personas conforman el equipo de campaña del PR, con lo que el trabajo es enorme y «a veces nos pilla el toro», afirma divertido. Confiesa que, en ocasiones, envidia la maquinaria electoral de los grandes partidos porque, a su juicio, «parece que lo tienen todo muy planificado». Pero al instante se retracta y explica: «Aquí, todo es más cercano. No nos aleja de los problemas reales de los ciudadanos». «Esa proximidad y la constante relación con los del partido es lo mejor», subraya.
Con paso firme, se encamina a la rueda de prensa (10.30 horas). Un veloz pero conciso repaso de las propuestas con los periodistas y, casi corriendo, a la furgoneta o al '4L'. Al volante espera hoy Miguel Gómez Ijalba (candidato al Ayuntamiento de Logroño), que le apresura: «Ángel (Varea) está (en rueda de prensa) a las 11 en Las Gaunas; date prisa o no llegamos». Con la megafonía a todo trapo, Ijalba bromea con su arriesgada conducción. Mientras, un reflexivo Legarra observa desde el asiento de atrás cómo se giran los peatones al paso del 'convoy' y comenta: «La gente nos acoge bien; no está saturada de la campaña, lo estamos más los propios políticos y los periodistas».
Almuerzo sin sosiego
Otra carrera en Las Gaunas, posado fotográfico y de nuevo al vehículo parlante que le llevará al chamizo para preparar los actos de la tarde. El tiempo transcurre y no hay sosiego. A la hora de comer, casi siempre tira de bocadillo. «Me mantengo con 'bocatas' -o excepcionalmente, con menús del día- para comer, para cenar y casi para desayunar», ríe. «No es que cocine mal», se defiende, «es que muchos días me dan las 4 de la tarde y no he comido».
Con la digestión a medias, hoy toca recorrer Nájera y su entorno con la caravana. Y sin tregua, el mitin. «Me preparo las líneas generales y llego con el tiempo justo», dice. La vuelta a casa roza la medianoche. Y eso da que pensar. Medita González de Legarra que lo más duro del periodo de campaña es que no puede dedicar el tiempo que quisiera a la familia y los amigos, «lo más importante» para él. Sabe que le apoyan ciegamente, pero no les mezcla con su vida pública. «Jamás he pedido el voto a mi familia o amigos. Si votan al PR, lo harán libremente», asevera. «Aunque... supongo que sí lo harán», dice con un guiño.