- Exactamente el próximo mandato. El otro día recordaba una frase de Álvarez Cascos, que distinguía entre el momento feliz y el importante. El feliz es cuando las cosas están acabando, cuando puedes entregar las llaves de una vivienda, inaugurar un centro deportivo. El momento importante es en el que tienes todos los resortes para poder hacer realidad algo. Y eso ya ha sucedido en este mandato en el Casco Antiguo. Podemos ver cosas acabadas, como la apuesta importante de la iniciativa privada (hoteles, comercios); hay muchos jóvenes que quieren ir a vivir; se hacen no sólo viviendas protegidas sino también libres. Éste ha sido el mandato más importante del Casco Antiguo; el siguiente será el que se complete el trabajo.
- Hablando de Álvarez Cascos, ¿los ositos han sido el momento feliz de la Gran Vía? La calle parece mucho más gris ahora que no están.
- Me alegro que, como yo, los eche de menos. Ahora el color se va a coger cuando se instalen las terrazas, con las flores, con el arte en la calle, con los músicos. La Gran Vía es un escenario magnífico para todas estas cosas. Los ositos eran un reclamo, una manifestación de las posibilidades que tenía la Gran Vía. No creo que haya habido nada en la ciudad, en los últimos años, más fotografiado que los ositos. Todos querían ese recuerdo. El debate artístico se lo dejamos a los expertos.
- ¿Por qué tiene tan mala prensa el urbanismo?
- Porque ha habido mucha gente que lo ha utilizado en beneficio propio, en vez del de la comunidad. También creo que la inmensa mayoría de los más de 8.000 municipios hemos utilizado el urbanismo para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos. Es imprescindible para que una ciudad mejore, y es un instrumento absolutamente positivo para una ciudad mejor, para que los ciudadanos puedan disfrutar de los servicios, para que haya un mejor ambiente en las ciudades. Todo se soporta en una política urbanística: el modelo de ciudad, la creación de parques, la de equipamientos, la política de vivienda social. Y se está siendo profundamente injusto con el trabajo de miles y miles de concejales, de toda España y de todos los colores políticos, porque unos pocos hayan utilizado el urbanismo en beneficio propio. Deben estar procesados y pagar por ello.