- ¿Cómo llegó a ser alcaldesa?
- Desde 1983 era teniente de alcalde, y en el 93, el anterior alcalde dejó el cargo y entré yo.
- ¿Entonces, causaba sorpresa que una mujer ocupara el cargo?
- No demasiada porque en pueblos del entorno, como Fonzaleche o Hervías, también había alcaldesas. Pero algo llamaba la atención, claro, porque al principio, los vecinos tenían menos confianza en una mujer. Parecía que teníamos que ser muy conocidas y además, demostrar más que los hombres.
- ¿Cuál es la clave para repetir tres mandatos?
- En un pueblo, tienes que tener el teléfono y las puertas abiertas para todo el mundo a cualquier hora.
- ¿Qué es lo más raro que le ha tocado atender a deshoras?
- Raro, nada especial, pero lo que más desesperaba en Ollauri era la falta de agua. Alguna vez me han llamado a las doce de la noche, alguien que venía del campo y no podía ducharse. La verdad, sólo podías escuchar y sentías una gran impotencia. Menos mal que hicimos un depósito elevado y se han solucionado los problemas. Y toco madera para que no vuelva a pasar.
- ¿Vivir en un pueblo lleno de bodegas imprime carácter?
- Quisiéramos fomentar más el enoturismo, pero para eso hay que cambiar la mentalidad. Hay que decirle a los propietarios que las bodegas tienen que abrirse los fines de semana, que es cuando vienen los visitantes. Tenemos a Paternina, que está muy organizada, pero a los pequeños bodegueros les cuesta más. Pero vamos saliendo adelante. El año pasado, hicimos un curso de enoturismo más modesto que el de la Universidad de La Rioja, pero que estaba bien para todos aquellos que estaban interesados en el vino. Y fue un éxito. Creo que las cosas tienen que ir por ahí. Ahora mismo, le estoy dando vueltas a la cabeza para encontrar soluciones y que cualquier turista, venga a la hora que venga, pueda encontrarse con una bodega abierta.
- ¿Por qué no ponen a Bertín Osborne, que ha comprado una bodega en Ollauri, a recibirlos en la plaza del pueblo?
- (Risas) El primer día que vino fue la bomba. Es tan alto y tiene tan buena planta que es imposible no reconocerlo, así que todo el mundo se volvió loco. Le querían invitar a un café o a tomar algo, y él, muy simpático, les dijo que no se preocuparan, que iba a volver mucho por Ollauri.
- ¿Y ha vuelto?
- Sí.
- ¿De incógnito?
- No, ha venido con los arquitectos para ultimar los detalles de la bodega.
- ¿Estuvo con la alcaldesa?
- Sí, vino al Ayuntamiento y charlamos un rato. El hombre es un encanto.
- Perdone la indiscreción. Usted, soltera, Bertín con la fama que tiene... ¿Le tiró los trastos?
- (Risas) ¿Que yo ya tengo una edad para esas cosas!
- Y él tampoco...
- La primera vez que yo vi a Bertín fue hace 20 años en Madrid. Fue en un restaurante y él iba vestido 'de bilbaíno', con un traje azul y su jersecito. Y la verdad, impresionaba. Como diría Lina Morgan, ¿cómo se quedan los cuerpos! Por eso, cuando lo he visto ahora, tantos años después, pues qué quieres que te diga, me ha llamado menos la atención. La conclusión es que los años pasan para todos, también para Bertín Osborne.