Diferencias de matiz en las propuestas de actuaciones y algunas diferencias significativas en las propuestas de organización: la vuelta a la exclusividad agraria y alimentaria en el nombre de la Consejería, o su unión con el medio ambiente, y la puesta en marcha de nuevas agencias, institutos, comisiones, secciones, direcciones, observatorios y... centros tecnológicos, ¿muchos centros tecnológicos! (¿habrá para todos?).
Los temas se repiten. Esto es lo que tiene la modernización. Antes era más simple: la tierra para el que la trabaja, decían unos y ya había quien, simplemente con oírlos, lo tenía claro, el señor conde. Ahora es más complicado, hay que leer la letra pequeña, fijarse en los matices, incluso es conveniente mirarles fijamente a los ojos (a los candidatos). A pesar de las diferencias, que las hay, no creo que sea el programa agrario de cada partido el que lleve el voto de los agricultores hacia uno u otro lado. Probablemente estén más preocupados por esas cosas que no tienen o que apenas se mantienen en el pueblo en el que viven (la escuela, el centro de salud, los caminos, el agua, la vivienda, la soledad...) que por cosas de su actividad. En muchos pueblos no son los problemas agrarios lo preocupante, lo es el futuro del pueblo.
Hacer atractiva la vida en los pueblos de esta región, para que la gente quiera y pueda vivir en ellos, es el reto al que se enfrentarán los alcaldes (y el Gobierno) que salgan elegidos el día 27. Y el nuestro ahora pensar lo que votamos. Es lo que tiene esto del sufragio universal ahora en el siglo XXI, el esfuerzo mental que exige, y no aquel paripé electoral del siglo XIX que nos ha dejado perlas como ésta que se cuenta del cacique de Motril, cuando le comunicaron el resultado electoral en el casino y dijo: «Nosotros los liberales, estábamos convencidos de que ganaríamos las elecciones. Sin embargo, la voluntad de Dios ha sido otra. Al parecer, hemos sido nosotros, los conservadores, quienes hemos ganado las elecciones». Aún con el esfuerzo para encontrar el matiz, mucho mejor lo de ahora, (incluso si los de uno nunca ganan) aunque sólo sea por el placer de poder mirarles a los ojos a los candidatos/as y hacer después lo que nos de la gana. Donde esté esto, no hay voluntad de Dios que valga.