Y mientras los jugadores de Nervión hacían el pasillo a los 'periquitos' en el estadio Hampden Park, aún alicaídos los catalanes por tan dolorosa derrota, miles de kilómetros más al sur la campaña electoral serpenteaba por intrincados caminos, infectadas de trampas tanto curvas como rectas. ¿Qué triste!
Hace años que España, y La Rioja en particular, afronta las campañas electorales cual un rutinario bombardeo de promesas -la mayoría incumplidas- y una envenenada batería de reproches que muy poco interesaban al ciudadanos. Todo menos desmenuzar un programa político cercano y tangible, más en unos comicios locales y autonómicos.
Pero el grado de desencuentro y crispación parece no tener límite, empeñados los partidos en conservar el poder, los unos, y en reconquistarlo, los otros.
Esta carencia absoluta de fair play tampoco ha pasado desapercibida para los niños. Con su impagable inocencia, varios escolares bromeaban, camino del colegio, en torno a la caricatura apinochada del candidato popular a la autonomía. Cuando los niños volvían a casa para la manduca, los carteles ya eran historia por mor de la eficacia municipal.
Dos días después, los mismos críos repitieron sus chanzas ante la imagen de un Zapatero con el gesto avergonzado. Una semana más tarde, esta vez por mor de la ineficacia municipal, el cartel todavía sigue ahí.