Abrimos con una llamada de la calle Múgica. Una vecina ha recibido en su buzón un escrito sobre el estado de la calle. Y cree que se ajusta tanto a lo que sucede que nos pide que lo recojamos. Nos cuenta que «vivimos en una calle de tercera y pagamos impuestos de primera. Tenemos aceras tercermundistas y una calle con muchos peatones. Hay mercado, colegio, iglesia Cada vez que hay entrada, salida o recreo de colegio o acto religioso, todos los asistentes tienen que salirse a la calzada porque no se puede en la acera. La iluminación es mala y escasa. No hay papeleras. La limpieza, cuando les viene bien. Los contenedores dan servicio a la Gran Vía ¿Y los demás? La doble fila junto al colegio es permanente, incluso los sábados con los partidos de fútbol. Vandalismo los fines de semana (y puntualiza que son más gritos por la calle, rotura de bolsas de basura o estacionamiento de coches con la música muy alta). Ahora pretenden que salgamos hacia la Gran Vía pasando por una acera y junto a los jardines», termina la mujer, que quiere anotar también que los cubos de la zona de Múgica, 1 se encuentran «sobrecargados de porquería. Aparecen montones de bolsas que aguantamos desde las nueve de la mañana y que están todo el día hasta que llegan a recogerlas. Mi queja es que la administración no repara en los problemas de esta calle».