Se supone que Cornellá es un rival con peligro en el interior, pero se quedó sin pívots muy pronto, y casi gana a fuerza de triples. Se supone que el Caja mete mucho desde fuera, pero ayer el aro parecía pequeñito, pequeñito: no metían una, y acabaron ganando el partido a fuerza de balones a la pintura.
Se supone, en fin, que los árbitros están en esto para observar, sancionar lo justo y hacerse a un lado. Pero ayer los señores Rodríguez y Martín pitaron como niños con silbato, sin criterio, a rachas y con errores clamorosos. Y al final acabaron decidiendo el partido por su cuenta y riesgo. Para el Clavijo, por suerte.
El Caja Roja salió frío, sufrió un porcentaje horrible de triples, y se colgó, literalmente, de Stevie Johnson: el americano acabó con 27 puntos y 15 rebotes, su mejor partido del año.
Cornellá estuvo por delante casi toda la noche. Los arreones del Caja, bastante perdido en ataque y no muy concentrado en defensa, convirtieron el partido en un acordeón. Pero cada vez que los de Sala se acercaban en el marcador llegaba un chaparrón de triples, especialmente de la mano de un gran Jofre Lleal.
La clave estuvo en el juego interior de Cornellá: no había, literalmente. Primero se lesionó Samb, y luego los árbitros fueron expulsando al resto de los pívots catalanes. Aún así, los filiales del Barça siguieron enganchados con terquedad, hasta que una antideportiva dudosa y la técnica subsiguiente les sacaron del encuentro.
En la ruleta de los tiros libres falló Moore, pero no Mario (al revés, en fin) y el Caja ganó.