LA MIRILLA RAFAEL JIMÉNEZ PÉREZ PINTOR
«Mi casa parece una pinacoteca, con más de 300 cuadros»
El cenicerense Rafael Jiménez, artista autodidacta, anuncia que se 'jubila' en el mundo de las exposiciones
Rafael Jiménez Pérez es un pintor nacido en Cenicero que, clausurada recientemente su última exposición, dice adiós a los salones. Jiménez Pérez es un artista autodidacta que a lo largo de los años, ha evolucionado hasta dominar la difícil técnica del óleo, tratando todos los temas con maestría. Desde el paisaje natural o urbano, los bodegones o el retrato, han sido reflejados en sus telas.
- ¿Por qué se despide?
- Por la edad, tengo 75 años y cada vez me cuesta más preparar una exposición. Hay que preparar cuadros nuevos, más de 20, porque a mí no me gusta repetir cuadros de una a otra exposición, luego viene el transporte, el montaje, es mucho trabajo para mi edad y hay que tener en cuenta que cada vez me cuesta más pintar.
- ¿Cuándo comenzó a pintar?
- Hace muchos, muchos años. Recuerdo que desde niño me apasionaba el dibujo, yo era feliz con una hoja de papel y los lápices de colores en la mano. Lo cierto es que me hubiera gustado dedicarme profesionalmente a la pintura, pero la vida es muy dura, y hay que comer todos los días. Pinto porque me gusta y para dar a conocer mis trabajos, mi arte
- Creo que pasó directamente al óleo...
- Sí, del dibujo pasé directamente al óleo, sin practicar otras técnicas más sencillas, y eso sin acudir a ninguna escuela de pintura. Un día me lié la manta a la cabeza, bajé a Logroño y compré pinturas, pinceles y lienzos, y ya ves, hasta ahora.
- ¿Dejará de pintar?
- Eso nunca, seguiré pintando hasta que me muera, con los pinceles y la paleta en la mano. Lo que no descarto es participar en alguna colectiva, si me lo piden.
- Y como Van Gogh...
- Ya sé lo que me vas a decir, es verdad, jamás he vendido un cuadro. Son muchas las exposiciones individuales que he realizado en distintos lugares, y muchas las colectivas en las que he participado y en todas ha habido personas interesadas en comprarme algún cuadro pero Paqui, mi esposa, no me dejaba vender, falleció y, yo por respeto, sigo su pauta. Así que mi casa parece una pinacoteca, con más de 300 cuadros colgados, hay cuadros por todos los rincones.