Y aunque a veces parezca que estas cosas sean inevitables como el granizo, no es así. Hay responsables a quienes toca evitarlo; y aunque sean muchos, a mí se me ocurren dos. A ellos me dirijo.
En primer lugar a la Inmobiliaria Río Ara, con sede en el número 29 de Vara de Rey. No soy de los que se llevan la mano a la cartera cada vez que le presentan a un promotor, mi prejuicio no llega a tanto. Creo que éste es un sector como cualquier otro, con piratas y currantes, que da de comer a bastante gente y de vivir a mucha más.
Por eso se lo pido, señores de la Inmobiliaria Río Ara: no derriben la Casa de las Tetas. Estoy seguro de que mantener ese edificio en pie les costará más dinero y quebraderos de cabeza que mantenerlo. Sé también que la ley les ampara, pero sepan ustedes que no la razón, y menos el corazón. Puede que si mantienen en pie esa casa en su cuenta corriente aparezcan unos numeritos de menos. Pero su responsabilidad, como la de todos los ciudadanos, es también con el mundo en el que viven, con el lugar que les rodea. Y ese mundo, esa ciudad, será más fea si derriban la Casa de las Tetas.
Me dirijo también al alcalde, Julio Revuelta. El Logroño que le confiamos los ciudadanos al elegirle alcalde era una ciudad en la que había una Casa de las Tetas. Es usted un profesional de lo arquitectónico, así que no hará falta contarle que no es precisamente ése el valor de este edificio. Pero ésta es su ciudad, como lo es mía. Y si no siente ese encantador pastiche de la calle Rey Pastor como algo propio de su pueblo, no sé qué hace de alcalde.
Todos pueden salvar esa casa, están a tiempo. No la derriben: Logroño se lo agredecerá.