La familia Eguren, mejor bodega española según Vivir el Vino, roza el cielo con un vino perfecto y otros once por encima de 90 puntos para el gurú Robert Parker
Los Eguren no tienen prisa, pero tienen ya a la crítica nacional e internacional rendida a sus vinos y a las nuevas sorpresas que, añada tras añada, salen de su imaginación. En España, Vivir el Vino acaba de reconocerles como la mejor bodega del país. En EEUU, Robert Parker les ha convertido en los primeros bodegueros españoles -junto con Benjamín Romeo, Juan Carlos López de Lacalle, Peter Sisseck, y Dahpne Glorian- en hacer un vino perfecto, pero ninguna otra bodega en el mundo ha conseguido que además once de sus vinos superen los 90 puntos. El cien, paradójicamente, no ha sido en Rioja, su tierra, sino en Toro, una abrupta comarca zamorana donde los Eguren revolucionaron los tradicionales vinos que «se cortaban con cuchillo» para convertirlos en joyas enológicas.
Marcos, el enólogo, y Miguel, también enólogo aunque reconvertido a empresario, no paran de crecer y, tras concluir Viñedos de Páganos (El Puntido y La Nieta, cuya primera añada se estrena con 98 puntos Parker y con el título de mejor vino revelación en España) construyen en San Vicente la nueva Sierra Cantabria. «Tenemos la suerte -recuerda Marcos- de que mi padre invertía todo lo que ganaba en comprar viñedo y hemos podido juntar 200 hectáreas en una zona privilegiada». «Ahora somos nosotros los que estamos invirtiendo todo en bodegas, cosa que mi padre a veces no entiende, pero tenemos la excusa de que él hizo lo mismo hace unas décadas», comenta entre risas.
La sobriedad de los Eguren es la de sus bodegas y sus vinos. El acuerdo para la división del negocio bodeguero -los orígenes familiares se remontan a 1870- marcó el devenir de estos dos hermanos de San Vicente. Se quedaron con una bodega de mesa y con Sierra Cantabria, donde elaboraban el Murmurón, un clásico de maceración carbónica al que tuvieron que encontrar otra salida que no fuera el País Vasco por el acuerdo de disgregación familiar: «Es un vino extraordinario y cuando íbamos a ferias teníamos el expositor lleno..., pero de técnicos; sin embargo, los consumidores extranjeros nunca han llegado a entender el picor del carbónico», recuerda Marcos. «No podíamos vender en el País Vasco y la competencia en España era enorme, así que comprendimos que teníamos que hacer otro tipo de vinos y enfocar nuestro negocio a la exportación», apunta Miguel.
Los hermanos forman parte de la mágica generación de viticultores riojanos que ha revolucionado la enología española: «Juan Carlos López de Lacalle, Agustín Santolaya, Miguel Ángel de Gregorio, Álvaro Palacios son un grupo difícil de encontrar en una misma época», explica Miguel. «Nos hemos destetado en la cepa, somos agricultores que en un momento dado fuimos a Francia y comprendimos que, si no hacíamos algo diferente, nuestros vinos nunca llegarían a ser grandiosos».
En 1991 se embarcaron en Señorío de San Vicente, una fantástica bodega en pleno casco urbano de madera y piedra sillar que se hunde a dos decenas de metros de profundidad. Sacaron el San Vicente, su primer gran vino, con una estructura que por entonces contravenía la regla general, pero todo elegancia: «Es un vino de un único viñedo y de una variedad, el tempranillo peludo, que hace doce años era muy moderno y ahora diríamos que es un clásico dentro de los modernos», explica Marcos.
De ahí fueron a Páganos y ahora construyen en San Vicente la nueva e impresionante Sierra Cantabria.