Hay en el deporte un viejo debate que aparece y desaparece cada temporada, y que separa a los aficionados a los dos lados de una raya casi filosófica. Es la vieja querella entre los apóstoles del resultadismo y los que prefieren llegar a los puntos por el lado del 'jogo bonito'. Ganar o jugar bien, se podría resumir. Entre Bilardo y Menotti, entre Cruyff y Capello, entre Ivanovic y Pepu.
Como casi todos los debates deportivos, a la hora de la verdad la querella se disuelve como un azucarillo. Llega la final, el partido decisivo, el día que separa a los hombres de los niños, y no cuenta nada más que ganar. El que quiera folclore, que vea el Tomate.
El Caja Rioja ayer debía ganar. Éste es un equipo que suele jugar bastante bien al baloncesto, que se fía de un poder de anotación bastante considerable (muy cerca de los 80 por partido) y que suele entretener al respetable. Por qué el mejor Clavijo de los últimos años es el que menos concurrencia trae al Palacio es un misterio que habrá que desentrañar otro día.
Pero ayer, sin embargo, el partido de los de Jesús Sala fue bastante malo, sobre todo al final, en un momento en el que tocaba ganar o ganar. Imagínense ustedes: un grupo que suele anotar con fluidez no metió ni un solo tiro de campo en los últimos cinco minutos. Y aun así ganó. Por intensidad defensiva, por fe en los momentos peores... y por los tiros libres.
Inicio y final
El partido había empezado bien para el Caja. Prat es un equipo incómodo, porque tiene cosas que al Caja le molestan mucho. Cuenta con dos torres -Norel y Dousa, 2.10 y 2.19-, cuenta con buenos tiradores y con una plantilla muy joven (es filial del Joventut) y con intensidad por arrobas.
Sala sacó al tocado Stevie Johnson de inicio, y eso creó un efecto psicológico. Prat cerró su defensa, cediendo el tiro exterior al Caja. Y no le fue muy bien, en realidad, porque los de Sala se fueron al descanso con un muy buen 6 de 8 en tiros lejanos, además de un 50% en tiros de 2. Pese a todo, los rebotes ofensivos aguantaban a un Prat que consiguió irse al descanso sólo 8 abajo.
Al regreso del vestuario, Prat cambió el guión. Sentó a sus torres, abrió su defensa y se lió a correr tras los exteriores del Caja. Y los locales lo acusaron. Los porcentajes de tiro se derrumbaron, y hubo que recurrir al plan B. Sin tiro exterior y sin Johnson, mal físicamente, el Caja se dio a las penetraciones, al uno contra uno, al contraataque tras robo. Nada de eso da para ganar holgadamente un encuentro, al menos no al Caja, pero sí para mantenerse en él. La renta se fue manteniendo entre 6 y ocho puntos, con arreones de uno y otro equipo, hasta que faltaban 5 minutos. A partir de ahí, todo lo que anotó el Caja fueron tiros libres, y tampoco eso muy bien: falló 3 de 8 en ese periodo. Mientras, todo lo que anotaba Prat venía de David Martínez, una pesadilla.
El final de infarto estaba servido: Nick Moore no falló sus tiros, y el Caja ganó. El partido puede ser olvidado, porque la victoria es nuestra. Fuera como fuera.