Viernes, 16 de marzo de 2007
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El viaje a ninguna parte
La suspensión de un vuelo a Madrid provoca un rocambolesco periplo de 4 horas que afectó a 23 pasajeros
«Tomadura de pelo», «tercermundista», «engaño»... El empresario Daniel Ruiz Anguiano, presidente de Comsa, no ahorra calificativos para Iberia. Es uno de los cerca de treinta pasajeros afectados por la cancelación del vuelo a Madrid de las 20.05 del pasado miércoles. No es la primera suspensión de un vuelo que registra el aeropuerto riojano, pero desencadenó una rocambolesca cascada de «desmanes» que se prolongó por espacio de casi cuatro horas.
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Recapitulemos. Cuando a las 20.30 horas les confirmaron la cancelación del vuelo, 23 pasajeros (el resto del pasaje reside en Logroño y cambió el billete para el vuelo de ayer por la mañana) se vieron montados en un autobús «en dirección a Bilbao para tomar el vuelo de las 21.30. De hecho, nos dieron la tarjeta de embarque». Sin embargo, explica Ruiz Anguiano, el autobús «no cogió la autopista, sino que se dirigió a sus hangares en La Portalada. El conductor se bajó y ahí nos dejó a las 23 personas». «Minutos después -continúa- regresó y nos dijo que la nueva orden era llevarnos a Madrid. Le pedimos el teléfono de Iberia, pero se negó a dárnoslo y al final yo llamé al 091. Sólo cuando intervino la Policía, Iberia dio marcha atrás y volvimos al aeropuerto». Lo hicieron 22 pasajeros, puesto que uno llamó a un taxi en el polígono.

De vuelta en Agoncillo, y en medio de un aluvión de reclamaciones, los viajeros consiguieron que les confirmasen que tendrían plazas para el primer vuelo de ayer. Sin embargo, tres acordaron viajar esa misma noche en taxi a Madrid y el resto decidió pernoctar en Logroño. Y comenzaron los problemas sobre los alojamientos: «Nos querían meter de dos en dos o de tres en tres en habitaciones y nos negamos, por supuesto». Al final, y esgrimiendo «los derechos del pasajero que están expuestos en el aeropuerto», Iberia cedió. Pero ahí no terminaron los quebraderos de cabeza: «El autobús que nos llevaba a los hoteles procedía de Vitoria, porque era con el que pretendían trasladarnos a Madrid, y el conductor desconocía dónde estaban los hoteles. Cuando por fin llegamos eran casi las doce de la noche y nos tuvimos que buscar la vida para cenar».

Ayer por la mañana se reencontraron en el aeropuerto todos los pasajeros, excepto uno que se desplazó en taxi a Zaragoza. Ruiz Anguiano reprocha a Iberia «la falta de explicaciones, que en el teléfono de reclamaciones nunca respondan y, sobre todo, que intentase llevarnos a Madrid en autobús para ahorrarse indemnizaciones, vuelo, manutención... Y como la gente traga, a ellos les traen sin cuidado nuestros derechos».

 
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