Este supuesto asesor tiene que tener mano también con el mobiliario hostelero para la nueva Gran Vía. Además de caras y, al parecer monopolistas, las sillas impuestas por el Consistorio tienen pinta de ser las más incómodas del mercado. Me imagino a niños escurriéndose entre tabla y respaldo por no hablar de las riñoneras de padres y abuelos. Aunque, bien (o mal) pensado a lo mejor se nos alegra la vista si quien ocupa la silla son jovencitas de pantalón de talle bajo y tirachinas amenazante.
Este asesor, si existiera, estaría detrás también del proyecto de reforma de la Gran Vía. Su influencia es tal que convenció a todos de que es mejor hacer un concurso internacional para un bloque de viviendas protegidas en Pradoviejo que para la arteria más emblemática de la ciudad.
También defendió que el mejor proyecto es el que menos identidad y personalidad tiene. El de nuevo rico (kitsch), de piedra muy cara, con palmeras y otras especies características de la flora riojana, con luces aeorportuarias y con farolas de diseño (aunque no luzcan) copiadas del Campo Volantín de Bilbao. Este supuesto asesor convenció también a todos de que no pasaba nada si el arquitecto es el marido de la asesora municipal de Urbanismo (que sí existe), ni aunque, dada la magnitud de las obras, sus honorarios fueran mayores de lo que vamos a ganar el 90% de todos los riojanos en casi toda nuestra vida.