La historia de este caso que a punto estuvo de terminar en tragedia se remonta al 7 de septiembre del año pasado. La familia Pérez Iriarte, de Vitoria, había ido a pasar el fin de semana a la localidad riojana de Ezcaray. El niño, a mediodía, jugaba en un parque situado junto a la antigua estación de trenes y, de repente, comenzó a llorar y a quejarse de un fuerte dolor en la mano izquierda. Los padres -tal como consta en la denuncia presentada ante el Juzgado de Instrucción de Haro- llevaron inmediatamente al pequeño Mario al Centro de Salud de Ezcaray, donde el médico que le atendió le diagnosticó «una mera picadura, sin determinación ni origen, aplicándosele sólo hielo y una pomada».
Pasaban las horas y el niño, en lugar de mejorar, seguía sufriendo fuertes dolores. Tenía considerablemente hinchado el brazo izquierdo, por lo que los padres, ya de noche, regresaron al centro de salud. De ahí fue derivado al Hospital San Millán, en Logroño, donde ingresó a las tres de la madrugada. Los médicos concluyeron que a Mario le había mordido una víbora.
Después de 24 horas sin que los doctores pudieran frenar la gran infección que ya afectaba a todo al brazo del pequeño fue enviado al Hospital Infantil de Cruces, ya que, según se especifica en la denuncia, el San Millán no contaba con una unidad de cirugía pediátrica ni UCI infantil.
En Cruces los médicos tuvieron que abrir en canal el brazo del niño, que permaneció en Cuidados Intensivos durante cuatro días, recibiendo transfusiones sanguíneas y en serio «peligro de muerte».
El 18 de septiembre, 11 días después de la mordedura, el pequeño Mario pudo regresar a su casa. Su madre decidió emprender acciones legales contra el SERIS por lo que podría ser constitutivo de un delito de imprudencia.