Madre, trabajadora y mujer
Para Nuria, como para otras madres, lo fundamental son sus hijos, luego están las responsabilidades del trabajo y, por último, sus propias necesidades
Nuria es madre de dos niños: Judith, de siete años, y Sergio, de cuatro. Como muchas otras madres, Nuria es, además, trabajadora y la mayor parte del día la pasa en el departamento de logística de una multinacional de perfiles de caucho para la automoción de Arnedo. De lunes a viernes a las siete en punto de la mañana suena su despertador. Es el momento de planificar el día. Hace su habitación, prepara las meriendas de los niños e intenta dejar todo en condiciones, aunque reconoce que hace tiempo se planteó «no ser una esclava de la casa, lo que da tiempo se hace y lo que no, se queda sin hacer».
A las ocho de la mañana llega Ana, una vecina que se encarga de dar de desayunar a los niños y llevarlos al colegio. «A veces le da tiempo de plancharme alguna camisa, pero para mí, lo importante es que se encargue de los niños y que esté contenta», aclara Nuria. Mientras Ana viste y da de desayunar a Judith y Sergio, Nuria coge su coche para realizar, como cada día, los 16 kilómetros que separan su casa del trabajo. A partir de ese momento comienza su horario laboral, ocho horas seguidas de balances, presupuestos, negociaciones, llamadas telefónicas... «Trabajo en horario continuo de ocho y media de la mañana a cuatro y media de la tarde, me llevo la comida cada día en una tartera y como en la oficina; no pierdo ni un minuto para poder salir a las cuatro y media en punto». Y así es como consigue llegar a las cinco al colegio a por sus hijos . A partir de ahí comienza su jornada como madre, más dura que la anterior, pero mucho más gratificante.
Consolar llantos, curar dolores de cabeza imaginarios, impedir que sean groseros, pactar cantidades de chuches, pero también observar cada progreso, reír con sus ocurrencias y disfrutar de sus abrazos.
Toda la tarde sin parar
Sergio sale cansado del 'cole' y hay que intentar entretenerlo para que no se quede dormido. Judith tiene ludoteca lunes y miércoles, momento en que Nuria aprovecha para tomarse un café mientras no pierde de vista las andanzas del pequeño, que revolotea con su primo Pablo por la cafetería.
A eso de las siete de la tarde llegan los tres a casa. Es la hora de los deberes, los juegos, los baños y las cenas. Además hay que preparar la comida para el día siguiente, coger un poco la plancha y preparar la mochila de los niños.
Por fin llega la 'hora feliz' y a las nueve y media, después de una jornada intensa, consigue sentarse un rato frente al televisor con su marido. Es el momento de charlar un rato y comentar cómo les ha ido el día. «Antes aprovechaba para hacer cosas de la casa, pero un día me planteé que, caiga quien caiga, esa es mi hora de descanso».
Peluquerías, depilaciones, reuniones con amigas, compras... todo queda postergado para mejor ocasión porque «o vas con ellos o no puedes hacerlo».
Además del agotador día a día, también están las enfermedades propias de la infancia, el no poder estar con tu hijo cuando tiene fiebre y necesita de tus mimos, malos días de los que una sale inmune con la colaboración inestimable de las abuelas. También están los puentes, acueductos y épocas de vacaciones, es imprescindible compaginar estas fechas con tus vacaciones y volver a echar mano de la familia. Jornadas interminables las que tienen que vivir muchas madres intentando compaginar vida laboral y familiar, una tarea más complicada de lo que algunos piensan.