Indefensos, intubados a través de una urna de cristal, sólo han conocido la enfermedad, el dolor, la angustia, han nacido muriendo por una bacteria, 'klebsiella pneumoniae', que el ¿destino? cruzó en el camino de tres bebés prematuros y que prematuramente cercenó su existencia, y la de sus madres, padres, tíos y abuelos...que no llenarán ese profundo vacío.
Ya no podrán oír sus primeras palabras, ni contemplar sus gateos, ni sufrir con sus primeros desamores, ni contemplar con orgullo cómo se hacen dueños de sus vidas.... En el hospital 12 de Octubre «se han tomado medidas», el «Defensor del Menor solicita información», los políticos se urgen explicaciones y se lanzan reproches mutuos.
Como siempre, tarde, muy tarde para los tres bebés fallecidos que pasarán a formar parte de las 5,6 muertes perinatales que se producen en España por cada mil nacidos vivos, que no podrán ver la televisión los 133 minutos diarios que marcan las estadísticas, que no probarán su primera copa a los 13,6 años, ni se iniciarán en el sexo a los 15,9 años -como la media de los jóvenes españoles-, ni darán sus primeras caladas a los 11,7, ni estarán representado en el 36,67% que posee estudios universitarios, ni pertenecerán al 40% de los españoles de 25 a 34 años que sigue viviendo con sus padres, ni dejarán el 60,8% de su nómina en la compra de una vivienda, ni tendrán 1,1 hijos, ni por supuesto vivirán hasta los 82,31 años. ¿Frías y malditas estadísticas!