Con esa estrategia populista, seguro que les caerán muchos votos; pero no el mío. Yo, por mi parte, desde aquí ofrezco mi sufragio a quien aborde el verdadero problema demográfico de esta región: ¿En La Rioja no cabe un pijo más! A mí no me disgusta encontrarme por la calle con magrebíes que charlan en árabe o con ecuatorianos que oyen salsa; pero ya no puedo tolerar que mi región se esté convirtiendo en un paraíso para engominados con porches cayene que apestan a cristian dior. Gente cuyos abuelos todavía metían el cucharón en la olla común a ver si pescaban tajada y que ahora venderían a sus padres para mantener su macrochalecito en la carretera de Soria, con su piscinita y su canesú. Y con sus hoyitos cerca, para lucir modelito mientras escogen un hierro siete.
No se trata de que sean más o menos ricos. La pijería no es tanto una cuestión de dinero como de valores y de cultura. De aparentar. De repente hemos convertido auténticas chorradas en artículos de primera necesidad: que si el último móvil, que si el todoterreno apabullante, que si esta falda me la he puesto ya dos veces, que si lo mejor para mis niños (juguetes caros, vestiditos guays, colegios retrógrados pero trilingües y sin chusma...). Lo siento: yo prefiero al rumano que se va de casa para buscar comida que al pijo logroñés que estafaría a su vecino para comprarse un bemeuve 700. Que ya empieza a haber demasiados por aquí. pgarcia@diariolarioja.com