Sólo existe opción de contratar la electricidad doméstica con una única empresa (guste o no). Lo mismo sucede con el gas, el agua... y el teléfono. (Sí, el teléfono también, aunque haya varias empresas con ofertas aparentemente distintas). Y cuando toca, todas se comportan igual que aquellos abusones del cole: buscan su exclusivo beneficio, pisando si pueden a los más desvalidos.
El momento más sangrante es el de las averías. Es el acabose. Una recurre, confiada, al teléfono de 'atención al cliente' -elegante manera de llamarnos pardillos- y empieza el rosario de maldiciones. Primero la agradable voz enlatada de una señorita obliga a decir en voz «alta y clara» cuál es el problema. Al mascullar el problema por quinta vez -nunca se enteran a la primera-, derivan al cliente-pardillo a un agente para una «mejor» atención. ¿Mejor? «Todos nuestros agentes están ocupados en este momento. Rogamos esperen unos instantes». Esa frase taladra la paciencia de cualquiera.
Cuando, al cabo de un rato, una persona de carne y hueso se pone al aparato, anuncia con tono despectivo que él no es técnico. Con voz pausada, la calma pende de un hilo. Ofrece el número de un experto para que eche un vistazo. Eso sí, el que dice no ser técnico asegura de antemano que la avería no es de la empresa, sino del domicilio del cliente-pardillo. Y que la factura irá -seguramente- a cuenta del cliente (o pardillo).
Y te quedas con un palmo de narices pero sin luz -o agua, o gas, o teléfono...-. Y aunque mucho servicio no dan, algo sí que proporcionan: mala leche. Como en el cole. nalonso@diariolarioja.com