Con la excepción de dos de los últimos operadores que han entrado en liza, Yoigo y Carrefour, todos los demás se han apuntado al aumento. Misteriosamente, como si de una revelación supraestelar se tratase, el resto ha decidido elevar un 25% el precio de establecimiento de llamada. Cada '¿digameeee...!' costará a partir del jueves 0,15 euros, frente a los 0,12 actuales. ¿Por qué todos los grupos del sector han coincidido en el mismo precio para arrancar una comunicación? Secretos insondables que desprenden un enorme tufo a oligopolio organizado o, cuando menos, en estado virtual.
Subidas del 16%
Las empresas de telefonía móvil han construido un mapa de tarifas que, además de intentar ajustarse al retrato robot de varias decenas de clientes distintos, también pretende impedir establecer comparaciones entre ellas. Pese a todo, y como consideración general, se puede llegar a concluir que las conversaciones de duración inferior a unos 42 segundos serán a partir de ahora más baratas. Pagar por segundos en vez de 'cotizar' el primer minuto completo y luego en fracciones de medio, como hasta ahora, tiene sus ventajas. Sin embargo, las 'charletas' que superen ese periodo se verán penalizadas y serán más caras. Sensiblemente más caras. Se impone, por lo tanto, practicar el virtuosismo de un lenguaje sintético y escueto que reduzca el tiempo de conversación.
Las compañías atacan y se defienden. Atacan cuando aseguran que no están dispuestas a ver cómo se rebajan sus ingresos por imperativo legal. Aceptan que la legislación les obligue a cambiar su forma de tarifar, pero no que les cambie los presupuestos de facturación de este año. Incluso, existe la sospecha generalizada de que han aprovechado la ocasión para mejorar en algunos puntos su nivel de ventas.
Se defienden cuando afirman que la gran mayoría de los usuarios van a salir beneficiados porque un alto porcentaje de las llamadas de móvil tienen un tiempo de duración inferior a esos 42 segundos y van a poder compensar el incremento de tarifas con el pago por segundos. Que una empresa diga que beneficia a los clientes cuando eleva sus precios es, cuando menos, duro de digerir. Las técnicas de márketing han evolucionado mucho, pero no han conseguido todavía que las comuniones se celebren con ruedas de molino.
La reacción de las asociaciones de consumidores ha sido contundente e, incluso, han realizado numerosos emplazamientos a la Administración para que ponga en marcha la maquinaria de investigar.
Como medida de protesta, han convocado para el próximo jueves una 'jornada sin móvil', con un llamamiento a los usuarios para que no hagan llamadas ese día.
Los operadores son libres para fijar sus tarifas, tanto la de establecimiento de llamada como el precio por segundo, pero la coincidencia de cifras entre unos y otros puede ir en contra de las normas del libre mercado que impiden, entre otras cosas, concertar los precios o repartirse el 'pastel'. El vicepresidente para Asuntos Económicos, Pedro Solbes, se ha limitado a decir que el Gobierno vigilará este asunto. De momento, aparentemente al menos, no ha encontrado nada sospechoso.
Hasta algún gobierno autonómico, como el vasco la pasada semana, ha levantado la voz para denunciar lo que parece evidente: la actuación aparentemente coordinada de las empresas. El Departamento de Industria, Comercio y Consumo ha pedido que intervenga el Tribunal de la Competencia para analizar si el aumento desmesurado de tarifas que van a sufrir los consumidores es producto de actuaciones contrarias al libre mercado. En una nota que dio a conocer hace uos días la citada consejería ya anticipa su sospecha de que Movistar, Vodafone, Orange y Euskaltel no han actuado de forma correcta.
Rebelión de los pequeños
Tan solo Yoigo y Carrefour se han salido del redil y han visto precisamente en el aumento de tarifas de sus competidores la estrategia sobre la que asentar su lanzamiento. Acaban de llegar al mercado, apenas cuentan con unas pocas decenas de miles de usuarios y tienen todo por ganar. Así que ambas firmas han decidido abrirse un hueco con la promesa de no modificar los precios y mantenerse en un segmento de tarifas bajas.
Todo parece indicar que el sector de la telefonía móvil va a experimentar un cambio importante en los próximos años. A finales de diciembre existían en España 46 millones de líneas activas, lo que supone, solo a efectos estadísticos, que cada habitante tiene una terminal.
Así las cosas, y ante un mercado maduro y con poco margen para el crecimiento, el 'robo' de usuarios entre compañías se revela ya como la gran batalla de los próximos tiempos. Ya lo ha sido en el último ejercicio, en el que 3,5 millones de clientes decidieron cambiar de operador manteniendo su viejo número de teléfono.