Ahora, Martínez Soto firma el proyecto de otro edificio que también promete una manera de hacer diferente de la común. Se trata de las 84 viviendas, garajes y trasteros que el Irvi construirá en Haro, cerca de El Mazo.
La principal idea del proyecto es la continuidad: que el espacio exterior «entre» en el edificio, que éste sea permeable y continuo. Para llevar dentro lo de fuera, el arquitecto decidió situar las entradas a las viviendas en el gran patio de manzana interior. Ese patio adquiere así el valor de auténtico corazón de la promoción. Una zona «de transición y relajación», según explica la memoria del proyecto, «entre lo público urbano y lo privado residencial». Para subrayar ese carácter de «calle interior», el patio se enriquece con un pórtico longitudinal, que une dos de las entradas de la calle al patio (hay tres pasajes en total, a norte, sur y este). El ajardinamiento subrayará ese carácter de «filtro» que pretende el patio.
En cuanto a la distribución interna de las viviendas, los arquitectos han diseñado un esquema común para todas. Los pisos se distribuyen en tres banda paralelas a la calle. Las habitaciones se asoman a la zona más tranquila, el patio interior, mientras que a la calle dan las estancias «de día»: la cocina y el salón. Los servicios quedan como una tercera banda, entre ambos.
De la distribución interior se ha cuidado especialmente, afirman los arquitectos, la relación entre la cocina y el estar. Los arquitectos han planeado con la flexibilidad suficiente como para hacer posible un cambio del tabique entre ellas, si los futuros propietarios así lo consideran. De hecho, cocina y salón están unidas, en fachada, por un mismo hueco de ventanas.
La fachada, sin las servidumbres de los portales, queda así libre para el juego de líneas y volúmenes dibujado por el arquitecto.