Querido primo Douglas. Te escribo desde Logroño, que es un sitio perdido en España, que es un país del norte de África o por ahí. Esta gente es un chollo, primo Douglas. Llevo cuatro o cinco meses comiendo y bebiendo a papo de rey y no pego un palo al agua. Quiero que vengas cuanto antes. Llegar es difícil, porque el aeropuerto es como de juguete, así que lo mejor es que cojas un vuelo a Madrid y luego vengas en taxi. No te preocupes por el dinero: aquí te lo pagan todo y encima te hacen reverencias. Como nadie sabe muy bien inglés (y menos los del gobierno local), tardarán en darse cuenta de qué va la vaina, te estrecharán mucho las manos y te darán palmadas en la espalda. Hasta llamarán a los periodistas para que te hagan fotos y salgas en las gacetillas.
Lo único que debes hacer, primo Douglas, es decir que eres un inversor. Diles que has constituido una sociedad que se llama Rioja Cloudy Mountain o Energy Wonderful Rioja o lo primero que se te ocurra, pero siempre con la palabra Rioja, que les pone mucho. Luego, como si fueras un personaje de Dallas o de Dinastía, asegúrales que ves en estas tierras unas posibilidades del copón. Lo de menos es qué vayas a fabricar. Yo, al principio, les dije que quería hacer placas solares. Y se les cayó la baba. Luego les dije que quería hacer kleenex. Y también se les cayó la baba. Así que invéntate algo, lo que sea: diles que vas a hacer teléfonos móviles o mecheros o deshollinadores o alfombras persas. Qué más da. Pero eso sí: tienes que poner cara de manejar muchos dólares y de pasearte en pantuflas por Wall Street. Y no te mires la billetera: aquí hay subvenciones a chorro. A cambio, tienes que prometer cuatro o cinco mil puestos de trabajo; cuantos más mejor. Esta gente es así: crédula. Ya se la pegaron antes unos suecos, a los que dieron un pastón para seguir haciendo frigoríficos, y que se largaron tres años después. No escarmientan. Vente ya.
Un saludo de tu primo,
Michael F. Marshall. pgarcia@diariolarioja.com