Los hechos, según el fiscal, ocurrieron en julio del 2005, cuando R.E.G. se cayó encima de un puesto de venta ambulante en la calle Laurel, debido a las dificultades para mantener el equilibrio por el alcohol que había consumido.
El joven, de 24 años, tiró la mesa al suelo y rompió varios objetos, por lo que su propietario le recriminó su actitud, lo que motivó que se acercasen los amigos del chico.
Entonces, el vendedor decidió recoger sus cosas y marcharse, pero los jóvenes le acorralaron y golpearon cuando se dirigía hacia su vehículo, aparcado en la calle Bretón de los Herreros.
El relato del fiscal añade que, al parecer, J.J.B. le clavó una navaja dos veces en el costado, lo que le ocasionó una herida que le tuvo incapacitado diez días, además de ocasionarle cicatrices y estrés postraumático como secuelas, por las que el Ministerio Público pide una indemnización de 1.230 euros.
Al llegar la Policía Local al lugar del suceso, algunos testigos señalaron al acusado como el causante de las puñaladas, pero éste huyó por la calle San Agustín, hasta que los agentes le alcanzaron en la calle Valvanera. Allí, el procesado se giró hacia los policías con «intención intimidatoria e hizo varios amagos de apuñalarlos», hasta que consiguieron ponerle los grilletes. En el traslado a Comisaría, el acusado amenazó de muerte a los agentes.