Domingo, 18 de febrero de 2007
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REGIÓN

FRANCISCO JAVIER GONZALO PRESIDENTE DE UNICEF-RIOJA
«Para sensibilizar a la gente basta con hacerle abrir los ojos y mirar más allá»
El nuevo presidente de Unicef-Rioja apuesta por reforzar y rejuvenecer el grupo de colaboradores de la organización y avanzar en la labor de concienciación de toda la sociedad riojana
La Presidencia de Unicef-Rioja cambia de cara. Tras 17 años en el cargo, Pedro José Iñarrea cede el testigo a Francisco Javier Gonzalo (Logroño, 1957). Recién ratificado, Gonzalo se fija como objetivos rejuvenecer la entidad y contagiar su propio entusiasmo a quien desee colaborar.
«Para sensibilizar a la gente basta con hacerle abrir los ojos y mirar más allá»
Francisco Javier Gonzalo, durante la entrevista mantenida con Diario LA RIOJA. /ENRIQUE DEL RÍO
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- ¿Qué retos se marca para Unicef-Rioja en esta nueva etapa?

- La nuestra es una delegación de Madrid que depende de Ginebra y, a su vez, está ligada a los objetivos que marca la ONU desde Nueva York. Por otro lado, a nivel local la marcha de Iñarrea ha estado obligada por el cambio de asociación a fundación y el límite de los 75 años de edad para ser presidente del comité autonómico. Con todo ello, mi labor será obligadamente continuista y apoyada en el equipo de gente que ha venido dirigiendo Unicef, con un especial papel de Iñarrea que mantiene una relación extraordinaria con todas las instituciones y es un referente. Mi principal aportación será el tiempo y la ilusión.

- ¿Qué papel juegan los colaboradores en la labor de Unicef?

- Actualmente contamos con 1.300 donantes que participan económicamente y unos 50 voluntarios que prestan ayuda cuando organizamos diferentes actividades. Uno de mis objetivos será atraer aún más gente y rejuvenecer ese grupo de colaboradores haciendo hincapié en ámbitos como la escuela y la universidad. 'Sembrar' entre los más jóvenes para recoger también su compromiso.

- ¿Cómo se convence en la sociedad actual a un chaval para que dedique su tiempo a una oenegé?

- No es fácil. Y no sólo en el caso de los jóvenes, sino de la gente mayor, que nos volvemos más cómodos y egoístas. Para sensibilizar a la gente bastaría con abrirles los ojos y mirar más allá. Ver lo que hay fuera y entender que haber nacido 5.000 kilómetros más al norte es sólo coyuntural, que ningún niño tiene la culpa de estar en un país subdesarrollado y por ello sufrir. Tenemos que transmitir este mensaje a la gente que tiene la mente mínimamente abierta y hacer ver a los jóvenes que es compatible pasarlo bien con colaborar con Unicef.

- ¿Y por qué precisamente Unicef?

- Todas las entidades que se dedican a una labor social son igualmente dignas y válidas. La diferencia de Unicef es su objetivo, centrado en la educación y la salud de los niños, y su organización. Depender de Naciones Unidas le otorga un especial aval de que todo el dinero se audita y una clara independencia respecto a tendencias políticas o religiosas.

- ¿Pero no se diluye el mensaje con la sobreabundancia de oenegés?

- Como dice Iñarrea, el único dinero que no llega a un destino social es el que no se da. Ojalá hubiera el doble de oenegés para que todos podamos aportar nuestro granito de arena.

- ¿Cambia la perspectiva de trabajo el aumento de la inmigración?

- Una de las premisas en Unicef es acudir al foco de la pobreza. Educar allí mismo, en esos poblados que sólo quienes los han visto puede imaginar cómo son, con los valores de quien sufre esa situación y no con los míos. La meta es que, dándoles educación, esos niños sirvan como canal de transmisión de esos valores para el resto de la población a medio y largo plazo. ¿Quién soy yo para colonizar y cambiar la cultura de otro? Buscamos ayudar, no imponer.

 
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