«La que pegó a la otra chica tiene 'mucha mala leche' y se enfada fácilmente, pero nunca había hecho nada dentro del centro», explicaba ayer un alumno. «Pues yo la conozco y es muy maja, te ríes mucho con ella, aunque sí que tiene prontos», respondía otra estudiante. Hace cuatro días, la agresora ya regresó al centro y acude desde entonces a clase con normalidad, así como a las actividades extraescolares, a la espera de que el Consejo Escolar tome una decisión sobre su destino. La víctima, por su parte, continúa en casa. «No va a volver al instituto hasta que no echen a la chica que la golpeó», asegura el padre. Además, mantiene su descontento con las instituciones. «Todavía nadie se ha puesto en contacto conmigo, ni el instituto ni la Consejería de Educación para explicarme qué ocurre», añade.
En el centro escolar, los chavales también se ha decantado por la ley del silencio para evitar posibles problemas. «A veces [la agresora] se ponía nerviosa y, como es muy grande y de carácter difícil, nos daba mucho miedo», indica otra niña. «Pero no digas que te lo he dicho yo, ¿eh?», pedía.
Esta vena violenta y de difícil control fue lo que llevó el día 30 de enero a empujar y golpear a la otra niña. Cinco días antes, el viernes día 25, la víctima le había denunciado ante el jefe de estudios por haberle empujado por las escaleras, aunque sin causarle daños. «Fue a por ella, le llamó chivata y le pegó mientras una amiga vigilaba la puerta», explica una alumna. «Yo creo que se llevaban mal de antes por alguna razón, aunque no sé por qué», añade otra escolar.
Mientras, la comunidad educativa del centro se mostraba ayer molesta por el tratamiento informativo dado a la agresión, ya que sus responsables del IES entienden que se ha tratado de un hecho puntual y desafortunado que no tiene antecedentes. UGT, a través de su Federación de Trabajadores de la Enseñanza (FETE), denuncia «la falta de implicación y negligencia de la Consejería de Educación en materia de violencia y acoso escolar». Según FETE, la Consejería lleva ocho cursos y a pesar de las «denuncias» no ha hecho «acción positiva alguna, excepto sacarse una foto con la constitución de un observatorio teórico».
Además, exige la implicación de las direcciones para que los casos se den a conocer «con nombres y apellidos, en tiempo récord y a toda la comunidad educativa para que esos alumnos que padecen una agresión sean más protegidos desde el interior y los agresores, sean más vigilados». Por último, UGT recalca que los centros, sobre todo los públicos, «no son campos de batalla» y muestra su solidaridad con la víctima y su familia.
Por su parte, el PSOE también recalca «el desinterés e indiferencia [de la Consejería] ante las situaciones de acoso y violencia escolar» y califica de «nefasta» su actuación. Recalca que el Gobierno «no ha querido participar en los cursos de formadores sobre violencia escolar del Ministerio», al mismo tiempo que se solidarizan con la familia.