En febrero de ese año, la menor, acompañada de otras tres cómplices, consiguió llaves de emergencia de diversos ascensores y se dedicó a manipular las puertas para provocar caídas. El método era ingeniosamente macabro, aunque no hubo que lamentar heridos ni desgracias personales.
Las niñas, gracias a las llaves de seguridad, desbloqueaban las puertas del ascensor en todos los pisos mientras éste permanecía en uno. Es decir, cualquier vecino podía abrir las puertas independientemente de que estuviese en esa planta o en otra. En el caso de encontrarse despistado, incluso podría caer por el hueco del ascensor con imprevisibles resultados.
Los daños se produjeron en una veintena de edificios de la capital, especialmente en la calle Albía de Castro. Además, las detenidas se dedicaron durante algo más de diez días a vaciar extintores, destrozar mobiliario de varias comunidades de vecino y cajetines de la luz hasta que fueron detenidas por la Policía Nacional.
En total, la Policía pudo cifrar en 29 las 'gamberradas' de las menores y los daños en los ascensores, además de las roturas producidas, superaron los 3.000 euros. En ese caso, tras la detención las niñas pasaron a ser custodiadas por sus padres.