Mientras, en el campus sigue existiendo una desproporción entre estos colectivos: de los 6.340 jóvenes que cursan sus carreras en la UR, 2.431 han nacido fuera de las fronteras regionales. En porcentaje, del total de alumnos, el 38,3% son foráneos y el 61,7, riojanos.
Con el paso del tiempo, la idea de un centro de estudios únicamente para la comunidad, con la que nació la UR allá por 1992, se ha quedado desfasada. Ahora, después de haber licenciado y diplomado a más de 12.000 alumnos, las fronteras resultan especialmente difusas.
Navarra, por su proximidad, es la principal suministradora de alumnos, con 485. Le siguen Vizcaya, con 198, Madrid, con 162 y Álava y Valencia, que aportan 136 y 124 alumnos respectivamente.
En el caso de las provincias limítrofes o de Vizcaya, la principal atracción la ejercen titulaciones presenciales, como los Magisterios, Enología o Enfermería, así como algunas otras que no requieren nota de corte para matricularse. Sin embargo, en Madrid y Valencia los matriculados se decantan casi unánimemente por las carreras que la UR imparte a través de Internet: Historia de la Música y Ciencias del Trabajo. A través de esta 'teleformación' y sin necesidad de pisar La Rioja, excepción hecha de los exámenes, los estudiantes obtienen un título universitario oficial.
Este campus virtual es el que ha ayudado a la Universidad de La Rioja a mantener el número de alumnos, en un período de caída continuada de la demanda universitaria. El aval que representa el G-9 provoca que casi la mitad de los alumnos foráneos se inscriban en estas dos titulaciones.
Pero en el campus la diversidad es enorme. Además de estudiantes de otras regiones españolas también hay que sumar los europeos que, en cifra de 124, disfrutan de una beca Erasmus en el campus logroñés y aquellos que en la UR cursan estudios generales de Lengua y Cultura españoles, adscritos a Filología pero que no son realmente una carrera.