1- La ministra. La señora Salgado va por la vida de Supernanny de todos los españoles: que si no comas esto, que si no bebas esto, que si no fumes... Un coñazo de tía. La Salgado está emperrada en prohibir la publicidad del vino (y de la cerveza y del güisqui y del coñac) para que no haya borrachos. ¿Bendita candidez! Espero que luego siga por los audis, los bemeuves, los bollicaos, los donus, las golosinas, el marisco, la fabada enlatada, los aviones, la cocacola y hasta la cirugía estética... Todo perjudica la salud si no se usa con tiento. La Salgado sería feliz en Irán. Tendría que ir tapada hasta arriba, pero a cambio entraría en un paraíso: allá el Estado es rígido como un padre preconciliar y vela por la salud física y moral de todos los ciudadanos. Sin libertades ni pijadas.
2- Parker. El tal Parker es un abogado americano que escribe sobre vino, que se ha convertido en un gurú global y que nos la tiene jurada (a los españoles en general y a Rioja en particular). El problema es que a Parker le gusta el mal vino: esas bombas tánicas y ásperas que sólo sirven para que los catadores pongan dieces o nueves con cinco. No se fíen mucho de los catadores: el vino no se hizo para tomarlo a sorbitos, pasearlo por todas las glándulas de la boca, hacer gárgaras, poner cara de asco y escupirlo al final. Yo les recomiendo beberlo a la antigua: buen trago y, si es con almuerzo, mejor. Y para eso nada como los vinos finos y redondos de Rioja.
3- Nosotros mismos. Como somos tontos, nos creemos que lo de fuera es mejor. Esta semana estamos muy contentos porque acabamos de introducir nuevas variedades de uva blanca. Y yo pregunto: ¿Por qué razón si no hemos sabido vender la viura vamos a saber ahora vender el verdejo? pgarcia@diariolarioja.com