Sábado, 3 de febrero de 2007
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OPINIÓN

MI BALCÓN
Mujeres y cigüeñas
Es común en el emocionante mundo de los docentes la opinión de que la Lengua y las Matemáticas son herramientas y que el resto de los conocimientos constituyen simples asignaturas. No seré yo quien ponga en duda semejante afirmación. Pero, partiendo de ese aserto, me interesa comentar la noticia de que grupos de mujeres inmigrantes visitan mercados y otros centros de intercambios económicos para llegar a dominar el idioma que les permita sortear con seguridad los vericuetos comerciales. Tanto el vocabulario hortofrutícola como el dedicado a la carne o al pescado son muy variados y, afortunadamente, no se utilizan los mismos vocablos en el Valle que en la Sierra. Estas damas se han echado a la calle porque la rúa es el lugar donde más habas se cuecen; el léxico que realmente les importa se come con los dedos, como las chuletillas al sarmiento. El lenguaje parnasiano, habitualmente pijo, puede esperar. Después vendrán las matemáticas caseras, esa auténtica oposición que han de aprobar estas intrépidas dueñas a fin de mes. Por eso no ha de extrañarse usted al encontrarse con alguno de esos grupitos que pronuncian ante los puestos palabras como solomillo, sardinas, ajos, jarretes, angulas... Bueno, angulas no.

Las cigüeñas también se mueven, o las menean. Dicen que con la maravilla esta que cuentan del cambio climático ya no se van; se ve que han aprendido de los quintos. Con todo, no ganan para sustos, a semejanza de muchos jóvenes, que no ganan para pisos. Estas aves, de las que no sé dónde han aprendido andares tan elegantes (acaso en el legendario París), gozan a veces de viviendas de protección oficial. Lo narro así porque es evidente su preferencia para elegir como helipuertos espaciosos y hermosos monumentos, desde cuyas atalayas otean a humanos y a otras clases de animales. En algunas ocasiones, al derribar sus chalés se tiene en cuenta la época de la procreación que se avecina a fin de tenerlos montados nuevamente para cuando llegue el tiempo de la cría. En determinadas circunstancias, los plazos de las obras humanas no coinciden con los ciclos de las zancudas, que, como en Santo Domingo de la Calzada, asisten perplejas al traslado de sus hogares.

Los nidos de las cigüeñas acunan tanto vocabulario como el que tienen que aprender las animosas mujeres del inicio en los mercados. Me llama una amiga de Casar de Cáceres y me entera de que en esa localidad, al retirar uno de esos habitáculos, encontraron en él un guante de niño, dos bolígrafos, una tarjeta bancaria, un deuvedé, unas angulas... Bueno, unas angulas no.

 
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