Cuando aún faltan casi cuatro meses para que las urnas den su veredicto, de pronto las calles comienzan a estar más limpias y relucientes que de costumbre; las farolas, sumidas entre tinieblas durante años, relucen ahora como centellas; carreteras, cruces y rotondas son bautizadas con la misma facilidad que se corta una cinta cuatricolor con unas afiladas tijeras de plata; centros de la tercera edad, guarderías, jornadas culturales, fuentes, plazas, parques, colegios, polideportivos, esculturas, magnas exposiciones, congresos,... Todo se transforma en carne de cañón inaugural.
Es tal la amabilidad que la grey política despliega en campaña -precampaña, más bien-, que hasta el presidente de la autonomía autóctona tiene el detalle de recibir a los primeros pacientes que ingresan en el deseado Hospital San Pedro con una elegante orquídea en-vuelta en papel de celofán.
Conscientes, además, de que tanta delicadeza no suele ser ni habitual ni gratuita durante las primeras tres cuartas partes de la legislatura -de cualquier legislatura-, el ciudadano obtendría palpables beneficios -no tanto en el fondo como en la forma- si con una cadencia de seis meses pudiera acudir a las urnas.
Desde luego, los fabricantes de cinta inaugural, de papeletas electorales y los cultivadores de orquídeas -además de otros gremios, que por falta de espacio no vamos a desgranar- quedarían eternamente agradecidos. mizquierdo@diariolarioja.com