Por eso me alegré de verdad cuando me enteré de que la Guardia Civil había puesto feliz final a su agonía, que fue una pesadilla compartida como nunca por todos los españoles. (Por todos, menos por los de siempre). Y por eso me dolió como una patada en el bajo vientre que Ortega Lara decidiera renunciar a la discreción con la que se ha conducido en la última década para descolgarse con unas declaraciones con tufo a consigna. Dijo Ortega Lara: «Durante muchos años, las víctimas del terrorismo han estado bien tratadas, pero ahora estamos asistiendo a un panorama totalmente distinto: se les insulta, se les maltrata, se les injuria, incluso se hace de ellas motivo de escarnio».
El mensaje no es nuevo. Apenas dista del discurso de la AVT. Y esta asociación próxima al PP hace ya muchos meses que ha sobrepasado la línea donde el interés general, el de todas las víctimas, se torna en interés particular, de personas o de partidos. En ese tránsito parece, además, empeñarse en hacer distingos entre los que están con ella, los buenos, y los demás.
Ortega Lara, sin duda, está entre los buenos. Como todas las demás víctimas. Lo mismo que quienes pensamos que nadie más que los de siempre insulta, maltrata o injuria a las víctimas. Y que a algunas (de las víctimas) ya les vale de jugar a la política con los muertos. jadelrio@diariolarioja.com