Aprovechando que el PP muestra signos de flaqueza (supuesta grabación de Sanz en la Conferencia de Presidentes, el consiguiente «que les den por ahí» y el revés de la justicia a Carlos Cuevas por las cintas PSOE-PR) y que el PSOE elige el peor de los caminos para llegar al poder (¿a qué cabeza pensante se le habrá ocurrido salir con lo de los parkings, que suena más falso que Judas?), Miguel González de Legarra ha pasado a erigirse en la 'tercera vía' riojana. Pedir explicaciones por Rioja Sun Valley, hablar de dossieres secretos (¿será verdad?) y llamar 'cefalópodo' al presidente de La Rioja (imaginativo) muestran atrevimiento y ganas de incordiar, dos cualidades que se echan de menos en otros políticos de la región. Lástima que se le escapara un 'mierdas' para calificar a Cuevas. No hacía falta.
Pero a pesar de sus errores, Legarra sabe el terreno que pisa. Con un Gobierno del PP en La Rioja y uno del PSOE en España, el presidente del PR intuye que los dos grandes partidos sufrirán desgaste. Y ahí estarán él y sus compañeros (con Ángel Varea dando guerra en Logroño) para recoger los restos del naufragio, sobre todo en el caso de votantes centristas del PP, gente que nunca apoyaría al PSOE pero que está cansada de actitudes que ellos mismos califican de prepotentes. No resultaría extraño que muchos de ellos se pasaran a los regionalistas. Así, si no hubiera mayorías absolutas, el PR tendría la doble llave del Ayuntamiento de Logroño y del Gobierno de La Rioja y con tres o cuatro diputados, Legarra pactaría con quien le diera la gana y se pediría luego una Consejería. O una Vicepresidencia. ¿Política ficción? La respuesta, en mayo.