No, no voy a hacer proselitismo, ni publicidad de la futura exposición que se llevará a cabo en nuestra capital, y por extensión en nuestra Comunidad Autónoma, pues para ello existen unos personajes, a cada cual más fotogénico, que están deseosos de darle la publicidad necesaria y de salir en la foto cuantas veces sean oportunas, a costa de producir alguna indigestión visual a la ciudadanía de pro. Parece que el título de la exposición, que ya cuenta con esta su tercera edición, llega en un momento inoportuno, pues, de 'abierta', ya queda nada o casi nada en nuestra ciudad, no tanto en nuestra comunidad; quizás unos meses antes, la exposición y su título hubiesen sido recogida con sorna y regodeo por mentes ingeniosas que hubiesen utilizado la situación de la capital y la comunidad autónoma, para ilustrar sus viñetas.
Abierto, según el diccionario, se define como: «Un espacio sin cercado, sin obstáculos que impidan la visión o el paso», pero también se recogen otras acepciones, como las de «Sincero o franco» o, una última de «comprensivo, tolerante o dispuesto a acoger nuevas ideas». Tantas acepciones para una misma palabra, sorprendente, y cada una de ellas aplicable, no sólo a una única cuestión o persona, sino con variedad de interpretaciones, a cada cual más sugerente. Lo que no sé es hasta que punto estas interpretaciones pueden identificarse con los dirigentes políticos responsables de estas obras, pues la comprensión hacia los ciudadanos o la sinceridad deben ser acepciones atípicas en su diccionario riojanista.
Es cierto que todos los logroñeses y los riojanos queremos una ciudad y una comunidad mejor, no cabe duda, pero no a cualquier precio. Las obras, todas, son incómodas y crean un desasosiego a aquellos que las sufren, que durante meses ven cómo sus negocios, sus viviendas, su vida cotidiana sufre lo indecible, para el regocijo posterior de los políticos, que sin ser conscientes de lo que esto supone, cortan la cinta inaugural, alabando el desarrollo y la majestuosidad de la obra. Pero por medio, tras años de obras, de incomodidades, de retrasos, da falta de compromiso, de engaños, de mentiras y desmentidos, de fotos y 'afotos', lo que parece contar es el resultado final.
Cada legislatura dura cuatro años, tiempo suficiente para llevar a cabo el conjunto de obras en una ciudad, aunque quizá estén buscando el tesoro, el famoso 'oro de Moscú', y por ello, como Robin Hood, quieran repartirlo entre la ciudadanía, que obedientemente baja la cabeza y acepta (como si tuviese alguna otra opción), los designios de aquellos que se preocupan por su bienestar y su futuro. Imagino que habrá gente que esté de acuerdo con las obras, cuestión que no pongo en duda, pero hay maneras y maneras de hacerla, y sobre todo, se puede, y se debe, contar con la ciudadanía, que existe, y que su labor no se reduce a votar el día de las elecciones y a aguantar los insultos o los desmanes de los políticos.
Una obra, por grande que sea, no debe ser la satisfacción de años de gobierno, y menos cuando se hace con un claro fin electoral, lo que deja presuponer que no existe un programa alternativo, o que nosotros, los ciudadanos, nos conformamos con ver el desarrollo de las obras, comentar lo bien o mal que lo hacen los obreros o lo bonito o feo que es el resultado final, dejando de lado otros problemas que nos atañen, pero que nuestra cabeza, u otros elementos, se encargan de que no les prestemos atención.
Siguen existiendo los mismos problemas o más que antes de abrir y destripar por completo nuestra ciudad, y aunque ya se hayan cerrado y asfaltado muchas de esas grietas, no son capaces de cerrar las cicatrices diarias con las que vivimos, el resultado final no va a impedir que se hayan cerrado comercios, aunque se pretenda dar vida a esas zonas, no va a impedir que la gente haya visto cómo zonas de aparcamiento gratuito o zona azul han desaparecido, y para aparcar deba hipotecar parte de su vida, para incluso, no gozar de una plaza en propiedad, cómo una zona tradicional de la ciudad se ha convertido en un solar a los ojos de algunas gentes (repito que habrá gente a la que le guste, y debe ser respetada esa opinión, por encima de todo).
Nuestro alcalde nos dice que paseemos con cuidado por la reciente obra pseudo finalizada, puesto que ellos no se hacen responsables de las denuncias presentadas, ya que no debemos pasear por 'su obra' si nos caemos, tropezamos, resbalamos , con algo que está sin acabar. No creo que el señor alcalde ni nadie entre a vivir en un piso a medio acabar, con lo cual veo una temeridad abrir la Gran Vía, cuando se está trabajando, no existe una señalización correcta, se corre peligro , todo por justificar que la herida ha cerrado en menos de un año, y así, de este modo, poder salir dos veces en las tan deseadas fotos electorales.
Ojalá en los próximos años Logroño y La Rioja puedan cerrar bien sus heridas, dejar que cicatricen, cuidarlas con mimo, para evitar que dentro de otros cuatro años la misma enfermedad que les ha atacado ahora, este prevenida por la cordura, la actitud activa de los ciudadanos, y que lo único 'abierto', sea nuestra capacidad crítica, nuestro compromiso para con los demás, nuestras ganas de hacer de lo que nos corresponde a todos lo mejor posible, sin que políticos, más preocupados por su ascenso en las esferas nacionales, nos digan que es lo mejor para nosotros, nos manipulen en función de sus propios intereses y dejen a la ciudadanía, aquella que representa el futuro, regirse por la razón y no por la 'destrucción'.
Como dice Chesterton: «Nos juzgamos a nosotros mismos por lo que no nos sentimos capaces de hacer, mientras que los demás nos juzgan por lo que hemos hecho».