Los ministros o responsables de Comercio de unos treinta países se reúnen hoy de forma informal en la ciudad alpina de Davos, a invitación de Suiza y aprovechando que muchos de ellos participan en los debates que el Foro Económico Mundial (FEM) celebra aquí hasta mañana.
En los últimos días los jefes de Estado o de Gobierno de algunas de las potencias comerciales, como Alemania, Reino Unido, EE. UU. o Brasil, han mostrado un moderado optimismo ante la posibilidad de lograr que en Davos se impulse la reapertura de unas negociaciones que se suspendieron hace seis meses.
Las negociaciones de Doha se lanzaron en el 2001 y deberían haber finalizado a finales del 2006, pero en julio del pasado año EE. UU., la Unión Europea, Brasil, India, Japón y Australia fueron incapaces de acercar posiciones sobre las reducciones de tarifas agrícolas e industriales. El objetivo de esa ronda comercial es que de la mayor liberalización del comercio internacional se beneficien sobre todo los países en desarrollo y los más pobres.
Enviar una señal
El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, es uno de los líderes más convencidos de que «se puede llegar a un acuerdo en unos tres o cuatro meses sobre la Ronda de Doha», y para ello apeló ayer a EE. UU. y Europa que «asuman su responsabilidad» y hagan concesiones para llegar a un acuerdo comercial que sirva para acabar con la pobreza.
«Si queremos enviar una señal a los países más pobres de que van a tener una oportunidad en el siglo XXI, Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Alemania, los países más importantes deben asumir la responsabilidad de pactar ese acuerdo», alegó.
Aseguró que la Ronda de Doha «puede ser el camino de esperanza de millones de seres humanos que esperan un gesto nuestro», porque «solo se puede acabar con la pobreza si los países pobres se desarrollan».
Lula aprovechó su viaje a Davos para demandar a la élites económicas y políticas reunidas que inviertan en los países pobres para fomentar el crecimiento y poder cumplir los Objetivos del Milenio de la ONU de reducir la pobreza a la mitad en el 2015.
A cambio, Lula les garantizó que si aceptan realizar concesiones, Brasil cumplirá la parte que le corresponda y «convencerá al Grupo de los Veinte (G-20, países en desarrollo)» para que haga lo propio «de manera proporcional a sus capacidades».
El presidente de México, Felipe Calderón, se pronunció también en Davos a favor de aprovechar esa atmósfera positiva y dijo que esperaba que en las próximas reuniones «queden atrás los intereses políticos o ideológicos que han frenado» la Ronda de Doha.
Calderón apeló asimismo a la unidad de América Latina para lograr la transformación de la región y mejorar sus oportunidades de crecimiento económico.
Optimismo
«Espero que la reunión del sábado (por hoy) confirme esa buena atmósfera», dijo el director general de la OMC, Pascall Lamy, durante una reunión con un grupo de periodistas. Para Lamy, aunque las posiciones de los principales actores no han registrado cambios sustanciales, que serían la clave del desbloqueo definitivo, «sí han cambiado los vientos que han comenzado a soplar en dirección para que la Ronda termine».
Por su parte, el comisario europeo de Comercio, Peter Mandelson, admitió que esperaba posibles avances en la reunión de hoy en materia agrícola, pero también indicó que se mantienen las diferencias con EE. UU. para que Washington proponga más recortes en sus actuales subsidios a los agricultores.
EE. UU. y la UE quieren que los países en desarrollo como Brasil, que se ha convertido en una gran potencia agrícola, y la India hagan concesiones en la reducción de sus tarifas industriales, mientras que Brasilia y Delhi quieren que Washington y Bruselas reduzcan sus subsidios agrícolas y abran más sus mercados a la agricultura de las economías emergentes.