Tras la derrota ante Dinamarca, España se mide hoy a Hungría
Consolidar la mejoría en defensa que se apreció frente a Dinamarca a pesar de la derrota y dar continuidad al ataque, atascado ante los daneses, son las ideas básicas que Juan Carlos Pastor ha inculcado a sus jugadores ante el importante duelo contra Hungría (18.15 h., La 2). El seleccionador no niega que España carezca de grandes lanzadores, ni que los zurdos no estén en forma, pero confía en que las virtudes del equipo basten para entrar en cuartos de final, de momento.
«Asentar la defensa nos permitirá recuperar balones y lanzar contraataques. Si además hacemos bien lo que sabemos hacer en ataque posicional, tenemos calidad suficiente para subir al podio de nuevo. Es cierto que no tenemos grandes cañoneros, pero somos muy buenos buscando huecos. Y quizá nuestros zurdos no creen juego, pero pueden ejecutar lo que crean otros». Pastor admitió así, implícitamente, los problemas del ataque español: la escasez del lanzamiento exterior permite que las defensas rivales no se alejen de la línea de seis metros y cubran muy bien al pivote Uríos, probablemente el mejor del mundo.
Desde la medalla de oro en Túnez 2005, España juega muy bien las situaciones de dos contra dos; por ejemplo, central y pivote contra dos defensas. Por eso, el seleccionador danés ordenó el jueves que hubiera tres defensas encima de cada jugador con balón, y el ataque español se atascó. «Eso se soluciona soltando el balón con rapidez hacia el lado contrario, dado continuidad al ataque, de modo que, si la primera intención no sale, haya una segunda y una tercera. Es lo que no supimos hacer contra los daneses».
Pastor sostiene que el juego de un equipo puede ser muy difícil de defender aunque sea muy previsible, siempre que se haga de manera muy rápida y precisa. Por eso está convencido de que si España usa bien sus armas compensará con creces sus carencias de lanzadores y zurdos. «Cuando se pierde, el primer culpable soy yo. La situación, tras la derrota ante Dinamarca, me recuerda a la de las vísperas de Túnez. Nadie daba un duro por nosotros, y fuimos campeones del mundo», dice.