Martes, 23 de enero de 2007
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Órgano vital
El hospital San Pedro abre su cafetería después de la reubicación de la mayor parte de las consultas y a la espera de que se traslade el área de hospitalización
El San Pedro ya es un hospital. Sí, ha leído bien. Claro que el centro está diseñado para eso. Es cierto que el complejo hace tiempo que ha abierto sus puertas y que están trasladados cada vez más servicios. Sin embargo, sólo desde ayer es un hospital de verdad porque desde ayer está abierta la cafetería. Y ése es, como en cualquier otro lugar donde trabajan decenas de personas y pasan cada día cientos de usuarios, su órgano más vital. El auténtico centro neurálgico (¿o neurológico, en este caso?). El epicentro de la actividad. El oasis donde mojar los dolores o en el que tomar un respiro entre analítica y analítica.
Órgano vital
Aspecto que presentaba ayer la cafetería del San Pedro en su primer día de servicio. / JUSTO RODRÍGUEZ
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Como toda la arquitectura del San Pedro, su cafetería respira un aire de fría modernidad. Lo funcional ha ganado la partida a la inmediatez, y la abigarrada barra del San Millán se ha transformado aquí en un marcial escaparate de bocadillos, refrescos y bollería variada delante del cual hay que desfilar bandeja en mano hasta llegar a la caja.

El sistema de servicio fue precisamente lo que más desconcertó a los primeros clientes. La obligación ahora de recorrer el raíl y guardar la fila aunque sea para solicitar un té hizo a los camareros ejercer también como guías improvisados. Aquí pide; allí paga; más allá se deja la bandeja.

Aunque abierta al público, a la cafetería aún le faltan algunos remates. El actual acceso es independiente y hace necesario salir del recinto principal para entrar en ella. Sin embargo, la intención es comunicarla en breve con el área de consultas para integrarla así en el conjunto hospitalario. También en las próximas semanas está pensado dividir el espacio y reservar una parte para el personal sanitario y otra para el resto de los usuarios, entre los que ahora abundan operarios de las obras que siguen en marcha en el resto del hospital.

De la antigua cafetería del San Pedro no quedan ni los ceniceros. De su antecesora en el San Millán sobreviven algunas caras familiares tras la barra, el sabor de la tortilla, la máquina articulada para hacer zumo de naranja al instante y los temas de conversación.

- ¿Qué va a tomar?

- Un café con leche, por favor.

- Y cómo lo quiere.

- Descafeinado, si puede ser. El médico va a tomarme la tensión.

 
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