En este coherente país, nos parece muy digno que haya cientos de miles de 'pilinguis' desocupadas que vivan de enseñar sus tetas o de contar cuántas veces se ha acostado con fulanito de tal o menganito de cual. Pero si la que aprovecha la coyuntura es una persona normal que necesita dinero por una injusticia ajena a ella -las costas de los abogados corrieron de su cuenta-, entonces nos parece fatal. Alguno, falto de argumentos, critica a la gallega y dice sentirse indignado porque la ocasional 'stripper' no ha respetado el apoyo que recibió cuando sufrió lo indecible en su luna de hiel, y que ha aprovechado su desgracia para comerciar con su cuerpo.
Digo yo que la chavala ha encontrado un filón fácil -que luego conllevará algunas consecuencias que deberá 'tragar'- para mejorar su economía y tiene todo el derecho del mundo para hacer con su cuerpo -muy bonito, la verdad, y sin pasar por quirófano- lo que le dé la real gana.
Pues no, señor. A nosotros, los más beatos, nos parece una ignominia. El otro día, Ana María Ríos decía en una televisión que agradecería toda la vida el apoyo recibido pero que entendía que no tenía que pedir permiso a sus vecinos cada vez que tuviera que tomar una decisión. Suscribo sus palabras. Por una libertad bien entendida. nalonso@diariolarioja.com