El suceso ha conmocionado a los vecinos de Tormantos, un municipio de unos 200 habitantes, aproximadamente, que ayer, todavía, no se había recuperado del susto. «¿Qué sinvergüenzas!», decía una mujer, sumando, aunque con retraso, los insultos que llovieron sobre el detenido cuando la Guardia Civil logró echarle el guante. «¿Vaya susto para la pobre mujer, tan mayor ya y delicada como está!», señalaba otra. «Nunca antes había pasado por aquí nada igual», indicaba un vecino, sin ocultar su temor ante esta 'táctica' de robo, en el que las víctimas son habitantes de pueblos pequeños, que no disponen de puestos propios de Policía Local o Guardia Civil, en los que los delincuentes saben que pueden disponer de cierto margen de tiempo para escapar hasta la llegada de los efectivos policiales. «Ves y lees que ha pasado en otros sitios, pero nunca te imaginas que pueda ocurrir en tu pueblo», decía. Quizá no contaban con los vecinos, que le echaron arrestos, con prudencia, y 'acorralaron' al detenido, clave en una investigación que, desde luego, sigue abierta.