El ambiente previo presagiaba la fiesta. Dado el ritmo de venta anticipada, la organización había advertido de que probablemente no habría entradas suficientes en taquilla para todos los interesados. Y así fue. A pesar de las colas desde primera hora de la tarde, sobre las 19.30 se anunciaba que se habían agotado. Resignadas, cientos de personas -y muchas llegadas desde Cataluña, País Vasco, Castilla...- se daban la vuelta.
A pesar de la fresca noche, el ambiente en el recinto era excepcional. Una enorme carpa acogía los conciertos y otras, las barras con bebida, bocadillos... Entre los corrillos, ya muchos entonaban himnos de Piperrak. Se palpaba en el ambiente las ganas de volver a ver a la banda. Y las camisetas con sus logos eran las más presentes. Al igual que mucho público ribereño. De Calahorra, Autol, Pradejón, Alcanadre, Aldeanueva, Rincón de Soto, Alfaro... Media ribera riojana, y otra tanta navarra, no iba a faltar.
Puntuales, a las 22.00, abría fuego Soziedad Alkohólika, que presentaban su recién 'deuvedé' en directo 'Corrosiva'. Con todos los avatares judiciales a sus espaldas, de los que han salido limpios, los de Vitoria recibieron todo el apoyo y empuje de un público que vibró y cantó cada canción, desde las que denuncian esa ciencia asesina o el fascismo hasta las más personales. En su regreso a la actualidad tras cinco años, Anestesia continuaba los sonidos más brutos, relajándolos después Gatibu, con una propuesta rockera que gustó a sus incondicionales pero dejó fríos a muchos.
Y pasadas las dos de la madrugada, llegó el turno de Piperrak. Y la carpa se llenó hasta el último centímetro. Los nervios iniciales de los cuatro Piperrak se acallaban ante la ovación que les aclamaba. Nueve mil personas coreaban su nombre. ¿Piperrak! Y con ese emblemático tema, y al ritmo de la turuta de Josetxu comenzó el desparrame. Y como si fuera un símbolo de su grito de guerra -«¿Arde ribera!»-, un par de bengalas les recibieron entre el público, provocando la total locura.
El esperado reencuentro
La espera de ocho años, las ganas de reencontrarse con la banda, de cantar y bailar sus himnos se desataron y la carpa se puso patas arriba. Desde el primer tema hasta el último, cada canción era acogida con un tumulto, coreando las nueve mil gargantas a la de Josetxu, que compartía sonrisas con Javi a la guitarra y Txitxarro al bajo. Por detrás, Rufo atizaba la hoguera con la potencia de sus palos. Sonaban sólidos, engrasados, a pesar de alguna interrupción lógica por la falta de directos. «¿Y esto lo ensayamos en el Punki Club», bromeaba eufórico Txitxarro del local en Alcanadre.
'Odio', 'Potrotaino', 'A la mierda', 'Akatu, 'Kondenados', 'Bitxo raro', 'Txiapas'... Uno tras otro -cayó entero el mítico 'Arde ribera' y evocaron la maqueta 'La ribera rocanrol'-, cada canción alborotaba a 9.000 personas entregadas. «Queremos agradecer este sentimiento», devolvía Txitxarro, que dedicaba la actuación a José Espinosa. Y cuando la temperatura parecía que no podía subir más, 'Cualkier día', convertido en todo un himno generacional, provocaba la mayor convulsión de la noche. La banda dejaba la segunda estrofa al público, que la cantó a capella, en un emocionante momento. Y con 'Gora Sartaguda' las nueve mil gargantas cubrieron a la propia banda, al igual que 'Julián' y 'Mi primer amor', la declaración a la botella con la que se despedían. Aclamados, volvían y remataban con un acelerado 'Anarkía'. «Gracias por haber venido, en especial a todos los de la ribera», agradecía Txitxarro.
La furiosa actuación de Habeas Corpus cerró la noche, pero en la mente de todos quedó el triunfo y la gran noticia del regreso de Piperrak. La ribera se aviva.