La muerte más reciente fue la de una mujer de 37 años que falleció el día 12 del pasado diciembre en Fuenmayor asfixiada por el monóxido de carbono derivado de la mala combustión de un brasero.
Once días antes, un hombre de 62 años perdía la vida en Briñas por causas parecidas. Las investigaciones apuntaron a que el suceso se originó por un escape en una bombona de gas.
El más trágico de los accidentes de este tipo sucedió en enero del año 2005 en Logroño. Un matrimonio y su pequeña hija de 7 años, vecinos de Madrid, aunque la mujer era logroñesa, fueron hallados sin vida en el domicilio donde pasaban las vacaciones navideñas, en el número tres de la céntrica calle Doctores Castroviejo. Al parecer, la muerte les había sorprendido dos o tres días antes, como consecuencia de la inhalación de monóxido de carbono. Las víctimas fueron encontradas por efectivos del cuerpo de Bomberos y de la Policía Local a primeras horas de la tarde del día 7, tras recibir el aviso de los vecinos que alertaron del fuerte olor a gas que salía del segundo piso de la vivienda.
En el año 1999, un joven matrimonio de Aldeanueva de Ebro falleció por asfixia en su domicilio de la citada localidad riojabajeña. La autopsia practicada a los cadáveres determinó como causa de la muerte en ambos casos la intoxicación por inhalación de monóxido de carbono.