Lunes, 8 de enero de 2007
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OPINIÓN

CARTAS
No matarás
Así de simple y tajante suena el quinto mandamiento en el que en teoría coincidimos todos. Admitimos que a ninguna persona se le puede quitar la vida ni nacida ni no nacida, persona ejemplar o criminal indeseable. Lo polémico viene cuando bajamos al terreno concreto de las situaciones. Entonces: hay personas que «no merecen la pena vivir», a quienes se les puede o debe eliminar, o se deja en las manos de los jueces que sentencien sobre la vida o la muerte. Seguro que se pueden especificar más situaciones concretas y argumentar desde la moral, hasta someterlo a nuestras conveniencias o variadas opiniones, el quinto mandamiento.

El mundo entero estaba pendiente de la ejecución sentenciada por los jueces de Sadam Husein, dictador, criminal, genocida y no se cuantos títulos 'gloriosos' sobre su cabeza, que por lo demostrado se ha ganado a pulso la condena capital con la que se va a hacer 'justicia'.

Hubiera querido hacer valer mi voto para que le condonaran la pena de muerte porque no hay poder humano que prevalezca sobre el 'no matarás', pero he llegado tarde. La vida de un ser humano no pertenece ni a Sadam (y hay que rechazar de plano sus crímenes), ni a los jueces, ni a los vencedores ni a las víctimas. La sociedad tiene sobrados medios para prevenir, en lo sucesivo, actuaciones nefastas de este y cualquier criminal y fundamentalmente porque nadie, sólo Dios, tiene derecho sobre la vida de una persona que, al margen de sus comportamientos aun los más nefastos, conserva su dignidad de persona que no ha recibido de ningún humano y a la que ni él mismo puede renunciar. Por estos motivos pido que se les respete la vida a tantos condenados a pena capital en cualquier tribunal del mundo.

Luis Iruzubieta

 
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