«Trato de detener la ciudad, de aislarla de todo ese tránsito que se suponen que tienen las grandes metrópolis contemporáneas», explica Rosón. No es una intención pasiva, como la suya no es tampoco una mirada inocente. Su cámara, como su perspectiva de la urbe, es crítica: «Trato de dar mi visión de la ciudad condicionada por el capital, por cómo se construye en función de intereses».
Los 'no lugares'
Hasta cierto punto es paradójico que esta exposición haya terminado en la sala de un órgano arquitectónico, porque en las 30 fotografías de 'La Ciudad Detenida' se ve arquitectura, sí, pero arquitectura desamparada, llena de vacíos, de «no lugares» proyectados para el paso rápido de un rebaño más que para el de una persona. «Es la gran contradicción que intento reflejar de las ciudades: son sitios donde vive muchísima gente, pero en las que la comunicación es difícil, rápida, y se sufre un gran aislamiento, pese a ese gran conglomerado de millones de habitantes», explica Rosón. «La gente va rápida, no tiene tiempo de hablar, de reflexionar, de entablar relaciones intensas y duraderas».
Cada una de las tres series de la exposición -'Tránsitos', 'Espejismos' e 'Inner Rooms'- tiene su carácter propio, aunque todas comparten el mismo espíritu, el mismo desasosiego.