Y por fin llegó el aterrizaje. Gritos, canciones, pañuelos blancos... todo era poco para que sus majestades pudieran comprobar un año más el cariño que, como siempre, se les brinda desde esta capital riojana. Y en las gradas, otros reyes: los niños, que observaban con asombro cómo Melchor, Gaspar y Baltasar se acercaban cada vez más hasta ellos y con sólo alargar la mano los más privilegiados de la primera fila podían tocar a los mismísimos Reyes Magos.
La mañana continuaba su curso. Los niños, todavía emocionados, tuvieron que ir abandonando el recinto, pero sabían que no era el final. Unos minutos más tarde los Reyes volverían a recibirles en la plaza de El Espolón para compartir con ellos un gran roscón. Una fila inmensa, mucho cansancio y alegría en el ambiente era lo que cualquier persona que hubiera pasado por esta plaza sobre las 12 de la mañana podía encontrarse. Y es que no había tiempo para la tristeza. Sus majestades, después de dar el primer corte al gran roscón, acudieron hasta el Palacete del Gobierno para recibir la carta a los Reyes Magos del presidente Pedro Sanz, en la que abogaba por la paz y la convivencia.
Después de esta visita, los Reyes continuaron su camino hasta el Ayuntamiento. Allí pudieron dar sus primeros regalos a los hijos de los funcionarios, que les recibieron con gran alegría. «Los niños cada vez nos piden cosas más modernas. Aún así, intentamos adaptarnos a los tiempos que corren» comentaba Gaspar entre una multitud de niños que les rodeaba.
Los Reyes tampoco se olvidaron de visitar a los pequeños hospitalizados en el San Millán. «Es la parte más entrañable de todas», confirmaba un paje de sus majestades. Y es que a veces la felicidad se consigue de la forma más sencilla.