Jueves, 4 de enero de 2007
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OPINIÓN

TRIBUNA
¿Por qué me odia mi hijo?
¿Por qué me odia mi hijo? Es la pregunta que se hacen muchos buenos padres, sorprendidos ante el repentino odio de sus hijos hacía ellos. Son padres separados que en el momento de la ruptura dejaron a su hijo con el otro padre. Y que desconocen que su ex pareja ha puesto a su hijo en su contra hasta conseguir que le odie, se llama Síndrome de Alienación Parental (S.A.P.) Aunque fue identificado en 1985 en Estados Unidos, pero es actualmente cuando empieza a salir a la luz pública.

¿Cómo se detecta? El niño mantiene sin motivo y sin saber explicar porqué una campaña de ataques con palabras y hechos hacía el padre con el que no convive. Al contrario que en casos de maltrato donde el niño siente una mezcla de amor y odio hacía el maltratador, aquí el sentimiento del niño es el odio, sin sentir ningún remordimiento por hacerlo. El hijo afirma que odia a su padre sin que le haya influenciado nadie y que ha llegado él solo a esta conclusión porque su padre es horrible (No es así, ha sido el padre con el que convive el que le ha puesto en contra de su ex pareja, sin tener en cuenta que siempre seguirá siendo el padre del niño). Cuando el niño cuenta esto utiliza lo que se define como escenario prestado, situaciones en las que no ha podido estar y frases que no corresponden a su edad pero que le han sido narradas por un adulto y el niño ha interiorizado y utiliza como si fueran suyas. A medida que avanza el síndrome pasa a odiar también a la familia extensa del padre ausente (tíos, abuelos ) y si continua a todo su entorno social (amigos, casa, barrio ). El niño asume la postura del padre con el que convive porque siente que debe hacerlo, por una parte es el padre con el que vive, del que depende su supervivencia, y por otra ese padre le ha contado experiencias negativas con su otro padre con tal detalle y tanta fuerza que el niño ha asumido toda esa negatividad hacía su padre ausente y siente la obligación de proteger al presente, llegando a hacerle de terapeuta. Se tiende a anular el contacto del niño con el padre ausente; al principio se pide al niño que llame nada más llegar a casa del otro, después se van poniendo excusas para no respetar las visitas, el hijo no contesta al teléfono cuando llama su padre, siempre está ocupado. Después en ocasiones se interponen falsas denuncias por abusos sexuales o maltrato, que consiguen alejar al hijo temporalmente del otro padre para ir debilitando el lazo afectivo, a la par que aumenta el nivel de conflicto. El padre denunciado injustamente no entiende esta actitud de su hijo, además se desespera al ver que va dejando a su hijo desprotegido ante la manipulación de su otro padre.

¿Qué consecuencias tiene para el hijo? El hijo rechaza a un padre, generalmente competente, que le quiere y al que necesita, cuyo lazo de unión es, después de unos años de vacío, irremediablemente destruido y casi imposible de reconstruir. El padre ausente llega a ser un forastero para los hijos y el modelo principal y con el que conviven es un padre maltratador (inducir un síndrome de alienación parental a un hijo es una forma de maltrato, de abuso emocional). Otro problema es que transcurrido un tiempo el hijo se da cuenta de la manipulación del padre con el que vive y se separa afectivamente de este, quedándose sin modelo paternal para con el que crecer y educarse.

Muchos de estos hijos desarrollan trastornos psicológicos serios: trastornos gastrointestinales, tics nerviosos, depresión crónica, incapacidad para funcionar en un ambiente social normal, trastornos de identidad y de imagen, de despersonalización, de comunicación, desesperación, un sentimiento incontrolable de culpabilidad, un sentimiento de aislamiento, comportamientos hostiles, falta de organización, personalidad esquizofrénica y a veces el suicidio. Las consecuencias del S.A.P. persisten durante la edad adulta, las victimas de este trastorno tienen más inclinación al consumo de alcohol y otras drogas y presentan otros síntomas de profundo malestar. Además tienen tendencia a repetir el modelo o no se vinculan por miedo a provocar esta situación.

¿Qué podemos hacer los psicólogos y otros profesionales? Lo más importante que podemos hacer es detectar lo antes posible el S.A.P para poder evitar las consecuencias. Hacer ver al padre que vive con el niño que su ex pareja va a ser siempre el padre de su hijo, que el niño lo necesita, y dejar claro ¿que el niño debe seguir siendo tratado como niño, que él debe buscar la ayuda en otros adultos, bien de su entorno social o si lo necesita ayuda profesional. En los casos donde esto no ha sido posible y nos llegan adultos con los síntomas de este trastorno, lo que se puede hacer es tratar los síntomas, reconstruir una buena relación con los padres es muy, muy difícil.

 
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