La sentencia considera probado que el agresor, un inmigrante marroquí de 37 años, se encontraba la madrugada del 29 de mayo del 2005 en la calle Manzanera, de Logroño, esperando a que pasara por allí una joven a la que conocía de haberla visto transitar por esa zona en otras ocasiones. Cuando la víctima se cruzó con Abderrahim, éste le colocó un arma blanca sobre el cuello, la agarró con fuerza y la obligó a meterse en su coche. El agresor cerró las puertas con el dispositivo de seguridad al tiempo que le decía a la chica que se estuviese quieta «porque si no la rajaba». Abderrahim condujo hasta un paraje situado a las afueras del polígono Cantabria, le quitó el móvil, y la violó en el asiento trasero del vehículo a pesar de la fuerte resistencia que opuso en todo momento la víctima.
Cuando el agresor consumó la violación sacó a la chica del coche y la dejó abandonada en ese lugar con las manos atadas y una bolsa de plástico sobre la cabeza. La joven tuvo que llegar andando hasta el Hospital San Millán, donde fue atendida de diversas esquimosis, erosiones y hematomas.
Segunda agresión
Al cabo de poco más de un mes de estos hechos, el violador volvió a actuar. Esta vez fue a las 3.30 horas del 8 de julio del 2005, en la calle María Teresa Gil de Gárate, esquina con Huesca. Por allí pasaba una joven que regresaba a casa después de haber terminado su jornada laboral en una cafetería logroñesa. El agresor se acercó a su víctima por detrás y le rodeó con un brazo mientras con el otro le colocaba un cuchillo de cocina en el cuello con el que llegó a ocasionarle algunos cortes. Violador y víctima comenzaron entonces un violento forcejeo: el hombre tratando de introducirla en su vehículo, y la joven intentando por todos los medios zafarse del agresor y huir del lugar. La pelea se prolongó cerca de diez minutos, según contaría la chica en el juicio. Durante ese tiempo, Abderrahim llegó a tocar a la joven diversas partes del cuerpo, especialmente los pechos, logró quitarle la camisa y le propinó multitud de golpes. La joven tuvo que recibir asistencia médica y tardó 44 días en recuperarse de sus heridas, recibiendo profilaxis antitetánica, antiinflamatorios, inmovilización cervical con collarín y rehabilitación.
La sentencia también obliga a Abderrahim B. a indemnizar a la primera de las víctimas con 5.400 euros por las lesiones y 70.000 más por los daños morales. El trastorno psíquico derivado de la violación llevó a esta joven a marcharse de Logroño y residir en otra ciudad. A la segunda de las víctimas, que sigue teniendo recaídas y en la actualidad se encuentra de baja, el agresor deberá pagar 2.640 euros por las lesiones y 40.000 por los daños morales.