Estoy por llamarle, digo, para llegarme hasta San Sebastián en compañía de sus señorías miembros de la Sala Especial del Tribunal Supremo que deben resolver la verdad sobre las 'herriko tabernas'. Con ellos, de la mano de mi amigo, propondría tomar unos 'potes' -como gustan decir por allí- por esos presuntos antros abertzales-radicales por ayudar a los magistrados a salir de las dudas que les impiden certificar que, en efecto, las 'herriko tabernas' son más batasunas que el mismísimo Arnaldo Otegi.
Supongo que sus señorías, de ocupadas que deben andar, no han encontrado momento ni excusa para darse un garbeo por cualquiera de los 114 bebederos independentistas censados en esta cuestión judicial. Pero, para resolver esta causa, yo les invito a hacer caso a Jorge Semprún cuando dijo: «Hay que leer menos y viajar más». Porque todas las evidencias que no consigan encontrar en los informes que descansan sobre sus mesas, las descubrirán según se asomen al umbral de cualquiera de estos locales elegido al azar.
Las 'herriko tabernas' (tabernas del pueblo) son como una franquicia proetarra indisimulada y descarada. El mural con las fotos de los terroristas que se encuentran en prisión es tan obligado como la botella de pacharán -perdón, patxaran-, por no hablar de las huchas -¿o serán utxas?- varias que lo mismo reclaman dádivas para las familias de los que están en el trullo que para financiar las actividades culturales de los cachorros -¿katxorros?- de Segi (antes Jarrai). O sea, para comprar la gasolina de los molotov que se fabrican en las mismas 'herriko tabernas' presuntas batasunas. jadelrio@diariolarioja.com